32 años sin Guillermo Cano

17 de diciembre del 2018

La familia espera que la CIDH tenga en cuenta la investigación.

32 años sin Guillermo Cano

foto:El espectador

Hace 32 años el narcotráfico apretó la mordaza contra la libertad de prensa con las manos de dos sicarios que acabaron con la vida de Guillermo Cano, director del diario El Espectador. A pesar del tiempo este crimen no ha recibido justicia y su familia no descansa en su búsqueda.

Fue el ímpetu frente a la ilegalidad lo que lo convirtió en un enemigo de los malandrines. Su columna ‘Libreta de apuntes’ era su tribuna en contra de la corrupción y el crimen organizado. Y fue a través de esas páginas que en agosto de 1983 publicó el pasado judicial del entonces representante a la Cámara, Pablo Escobar Gaviria, junto a una fotografía que mostraba su captura por narcotráfico varios años antes en Medellín.

Cargaba en su apellido una herencia de periodismo. Su abuelo Fidel Cano fue el fundador del diario El Espectador y Guillermo, desde su paso por el colegio Gimnasio Moderno, ya escribía como un periodista, apasionado por la poesía, la literatura, el fútbol y la tauromaquia. Temas que trató como cronista desde ingresó al periódico familiar, recién se graduó del colegio.

Solo diez años después, fue elegido como el director del diario en remplazo de su padre Gabriel Cano que había decidido retirarse. No era una decisión fácil, hacía 11 días las instalaciones del periódico habían sido incendiadas, el gobierno de Roberto Urdaneta había ordenado la revisión de las noticias que publicarían los periódicos, empezaban a surgir las guerrillas en el país y y se avecinaba el gobierno aún más represivo de Rojas Pinilla. Ese fue el panorama que tuvo que frentear Guillermo Cano a los 27 años cuando asumió la dirección.

Durante su gerencia del periódico tuvo una firme posición crítica contra el gobierno y sus injusticias, izó la bandera de la libertad de prensa, abrió la sección de deportes y creó el Magazin Dominical. Entre otras cosas, convenció a Gabriel García Márquez para escribir en el periódico.

Pero a pesar de todos los enemigos que tuvo que enfrentar siempre lo hizo con altura. Fue la furia de Pablo Escobar la única que no tuvo más argumentos que las balas para acallar uno de los periodistas más influyentes de la segunda mitad del siglo XX en Colombia.

Tras la publicación de la columna que reconstruyó los delitos del narcotraficante en jefe del Cartel de Medellín, las amenazas arreciaron contra El Espectador y su director. Tres gerentes del diario fueron asesinados, una bomba sacudió la redacción y varios de los reporteros habían recibido amenazas.

Pero Guillermo Cano no mermó sus denuncias, no podía callar y tampoco debía ceder ante el terror, su legado era necesario en un país amordazado. Así continuó hasta el 17 de diciembre de 1986 cuando dos sicarios en moto, enviados por el Cartel de Medellín, lo alcanzaron a la altura de la avenida 68 con calle 22, muy cerca de las instalaciones del diario, y le dispararon en cinco ocasiones.

Aunque este hecho motivó que todos los medios cancelaran su emisión al día siguiente en forma de protesta y el presidente Virgilio Barco decretara el ‘Estado de Sitio’, no fue sino hasta nueve años después que las autoridades capturaron al único procesado en el caso, Luis Carlos Molina Yepes, un capo del Cartel de Medellín que fue condenado a 16 años de cárcel como autor intelectual, pero que se voló del penal durante un permiso para comprar cigarrillos.

La Sociedad Interamericana de Prensa reseña que el proceso ha tenido varios problemas cuestionables. Los jueces que asumieron la investigación recibieron amenazas, algunas pruebas nunca fueron investigadas y otros jueces y magistrados fueron comprados con los dineros del narcotráfico.

Pero 32 años después la familia aún espera conocer la verdad de los hechos y que todos los implicados en ese crimen sean judicializados.

Por eso, el pasado mes de octubre, su esposa Ana María Busquets de Cano, su hija María José Cano y su nieta María José Medellín; junto a la Fundación para la Libertad de Prensa y la Sociedad Interamericana de Prensa, asistieron a la CIDH para que reasuma el caso y no se desista en la búsqueda de la justicia. Cada año el país recuerda su legado para evitar la impunidad del olvido.

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