Baltasar Gracián

6 de diciembre del 2010

Baltasar Gracián fue pesimista. En el siglo XVII era común que la mayoría de los escritores pensaran así, además, fue una filosofía. Sin embargo con sus obras buscó mejorar la condición humana por medio de consejos, muchos de estos enfocados a la religión, porque Gracián fue jesuita. A los 18 años se unió a un […]

Baltasar Gracián

Baltasar Gracián fue pesimista. En el siglo XVII era común que la mayoría de los escritores pensaran así, además, fue una filosofía. Sin embargo con sus obras buscó mejorar la condición humana por medio de consejos, muchos de estos enfocados a la religión, porque Gracián fue jesuita.

A los 18 años se unió a un noviciado de Tarragona, dos años después retornó a su ciudad natal, Calatayud, donde inició sus estudios en filosofía. Finalizó su formación académica con teología en la Universidad de Zaragoza. A los 26 años se convirtió en sacerdote y profesor, dictó clases de humanidades, teología moral y filosofía.

Sus obras siempre fueron escritas en prosa y con enfoque moral. El héroe, El político don Fernand, Oráculo manual y arte de prudencia, agudeza y arte del ingenio, El Comulgatorio y El Criticón, obra maestra que fue elaborada por partes, simboliza la naturaleza y la cultura, y critica la corrupción. La publicación de la tercera parte de esta obra lo obligó a cumplir una penitencia que incluía un ayuno y la prohibición de hacer uso de la pluma, la tinta y el papel. Se dice que su castigo duró tres meses y fue impuesto por los superiores de su comunidad religiosa.

Ese mismo año Gracián murió en Tarazona, el 6 de diciembre de 1658, a los  57 años de edad. Espíritu sutil y selecto, sagaz escrutador de lo humano. Es el último y posiblemente el más grande de los moralistas españoles.

Frases célebres

  • Es mejor consultar las cosas con la almohada a tiempo que perder el sueño por su causa después
  • No hay hombre, por viejo que esté, que no piense que puede vivir otro año
  • Muchas cosas eran algo, dejándolas fueron nada
  • El mentiroso tiene dos males: que ni cree ni es creído
  • El que confió sus secretos a otro, hízose esclavo de él
  • Errar es humano, pero más lo es culpar de ello a otros
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