El hombre que inventó el teléfono

3 de marzo del 2019

Dos hombres más también lo había desarrollado antes que Alexander Graham Bell.

Alexander Graham Bell

Alexander Graham Bell es reconocido mundialmente como el hombre que inventó el teléfono, al haber radicado el 7 de marzo de 1876 la primera patente de ese invento. Sin embargo, parece no haber sido el único inventor del aparato en la historia, ni el primero.

Nació en Edimburgo, Escocia, el 3 de marzo de 1847. En principio solo tenía el nombre de Alexander, pero luego rogó a sus padres tener un segundo nombre que fue Graham por la admiración que sentía hacia un familiar que llevaba ese nombre.

Su padre se había dedicado al estudio de formas de comunicación para sordos, dado que su esposa y su suegra padecían de la enfermedad. Por eso se enfocó en diseñar un programa llamado ‘Discurso Visible’ el cual fue bien difundido en el mundo para suplir las deficiencias auditivas.

Con el tiempo, Graham Bell se dedicó a difundir el programa de su padre y llegó a Canadá y Estados Unidos donde fundó escuelas para sordomudos, en las que enseñaba el discurso visible. Eso le permitió ser nombrado profesor de fisiología vocal en la Universidad de Massachusetts.

Así mismo, interesado en los sistemas de comunicación, empezó a trabajar en un aparato que pudiera difundir el habla al igual que lo hacía el telégrafo con las palabras para la comunicación a distancia. En principio se basaba en un aparato que fuera capaz de imitar las vocales y consonantes, pero con la ayuda del ingeniero Thomas Watson y la financiación de la familia de su futura esposa Mabel Hubbard, desarrollaron el teléfono.

La primera llamada exitosa la realizó el 7 de marzo de 1876 y posteriormente obtuvo la patente del invento que traspasó las fronteras de Estados Unidos llegando a Europa. Sin embargo, el invento ya tenía desarrollos por otros dos inventores en Norteamérica, pero fue Alexander Graham Bell quien por suerte y dinero logró quedarse con la patente.

Dos horas después de él, Elisha Gray trató de patentar su invento del teléfono, encontrándose con la mala noticia que un desarrollo muy similar había sido entregado a Graham Bell. Una suerte similar tuvo el cubano Antonio Meucci quien ya había desarrollado el teléfono a mediados de 1850.

Antonio Meucci era un teatrero cubano, radicado en La Habana, obsesionado por la transmisión del habla por sistemas electromagnéticos, que ingenió el modelo del teléfono en 1856 para comunicarse entre dos habitaciones de su casa cuando su mujer cayó enferma de artritis reumatoide y no podía movilizarse.

Sin embargo, una explosión en un ferry en el que se movilizaba le causó grandes heridas y la quiebra de su empresa de velas le impidieron tener el dinero para pagar la patente. Así mismo, tras el accidente, su mujer vendió los prototipos para pagar la recuperación y al ir a recuperarlos estos ya han sido revendidos.

Volvió a crearlo a mediados de 1871, pero como no tuvo el dinero para patentarlo, decidió pagar un aviso más económico que lo atribuyó como inventor, que debía pagar anualmente. Las falencias económicas lo hicieron dejar de pagar el título durante dos años, tiempo en el cual Alexander Graham Bell se atribuyó la invención.

En 2002 la Cámara de Representantes de Estados Unidos le atribuyó la invención a Meucci, sin embargo para la historia quedó el nombre de Bell inscrito en la historia del teléfono. Alexander falleció en Baddeck, Canadá, el 2 de agosto de 1922, 18 patentes de inventos están atribuidas a él.

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