Carlos Rojas, objetos mínimos convertidos en arte

18 de abril del 2019

Era descrito como un recolector de objetos en los mercados de pulgas.

Carlos Rojas González

Carlos Rojas / Banco de la República

Carlos Rojas González fue uno de los pintores abstractos y racionalistas geométricos más reconocidos e influyentes del arte colombiano. Es reconocido, además de por su estilo, por haber sido cofundador de dos facultades de arte de la Universidad de Los Andes y Jorge Tadeo Lozano.

Nació el 18 de abril de 1933, en Facatativá, Cundinamarca, hijo de una pareja de agricultores. Se crió en el campo, en el municipio de Albán donde quedaba su casa, junto a cuatro hermanos. Estudió en el seminario de Tuta, Boyacá, y luego terminó en otro seminario de Facatativá, pero sus posiciones escépticas respecto a la religión motivaron su retiro. Terminó su bachillerato en el colegio Virrey Solís de Bogotá.

Esas posiciones ideológicas las empezó a construir desde temprana edad, apropiándose de planteamientos y ciencias como la matemática, la filosofía, la literatura, la botánica, la física y la geometría, aspectos que marcaron profundamente la concepción de sus obras posteriores.

Fue el padre Olivares, maestro de su bachillerato, el que lo guió hacia el camino de la artes al descubrir su interés y talento en el dibujo. Ingresó a estudiar arquitectura en la Universidad Javeriana de Bogotá, pero se retiró cuatro años después de iniciar, sin embargo, esas clases las turnaba con cursos en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia, que terminaron por encaminar su profesión de pintor.

A mediados de 1958 viajó a Italia con una beca, se estableció en Roma y tomó clases en escuelas de bellas artes e institutos. Su paso por Europa le centró el interés en las ruinas y las construcciones históricas, además de fundamentar su pasión por el oriente.

Según describe Maria Cristina Laverde en un texto de la revista Nómadas de la Universidad Central, Carlos Rojas tuvo desde pequeño una fascinación por la palabra ‘oriente’. “Para él, la esencia de la filosofía oriental está en la integración individuo-naturaleza, ajena a cualquier retribución: “No recibiremos un colchón de nubes blandas en el cielo… En cierta forma soy Zen y he vivido muy ligado a este pensamiento. Pero, precisamente, uno de sus proverbios señala que cuando se habla del ser, el ser no existe; entonces, es mejor callar y actuar. En ese silencio y en esa actitud se sitúa el ser Zen. Sin esperar nada para ser algo”, escribió la académica.

Al regresar al país fue profesor de dibujo en varias facultades de artes de la capital del país, como en la Universidad de Los Andes, Jorge Tadeo Lozano y Nacional, a mediados de los años 1950. Posterior a esto inició su trabajo de pintor con las primeras exposiciones colectivas de sus dibujos.

En ese momento, Carlos Rojas estaba aún en la búsqueda de un estilo. Primero realizó composiciones con figuras y bodegones, con perspectivas definidas, un estilo relacionado con el cubismo y los collages, en una especie de cubismo sintético. Exploró también el Pop Art heredado en su paso por Estados Unidos.

El tránsito por varios géneros y estilos lo hizo objeto de críticas, entre ellos de la reconocida analista de arte Marta Traba, que en una especie de exigencia y reconocimiento, cuestionó sus primeras producciones a partir de la falta de una definición propia.

Fue hasta mediados de la década de 1960 que Carlos Rojas asumió propiamente el arte abstracto, atribuyendo a sus obras una inclinación hacia el racionalismo geométrico, con un abordaje propio del espacio, el tiempo, el color y las líneas como ejes fundamentales de la elaboración de su obra.

Desde ese momento adquirió reconocimiento público por ir a la vanguardia del arte, convirtiéndose en uno de los líderes del movimiento abstracto en el país, además por heredar su arte a pintores como Danilo Dueñas, Luis Roldán, Cristo Hoyos y Consuelo Gómez, creando así una escuela propia en el país.

Sus amigos y allegados lo describían como un recolector, era reconocida su capacidad para identificar objetos en medio de los mercados de pulgas y vejestorios a los que asistía constantemente para comprar objetos que luego adaptaba con maestría en sus composiciones artísticas.

Además tenía un gran gusto, según sus amigos. Tanto que su casa terminó convertida prácticamente en un museo que albergaba objetos y arte ecléctico, barroco colombiano, precolombino, colonial, republicano, chino, art déco y noveau, y una gran cantidad de objetos valiosos por su belleza en una vivienda atiborrada de Chapinero.

Carlos Rojas González falleció el 3 de mayo de 1997 en Caracas, Venezuela. Recibió los reconocimientos de el Primer Salón Intercol de Pintura Joven (1964), premio especial en Pintura en el XVII Salón de Artistas Nacionales (1965), el primer premio de Pintura del XX Salón de Artistas Nacionales (1969). Además de múltiples retrospectivas en diferentes museos nacionales hasta la actualidad.

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