Lindbergh, primer piloto en atravesar el Atlántico

26 de agosto del 2018

Charles Augustus Lindbergh fue el primer piloto estadounidense en atravesar el océano atlántico, catalogado como el segundo más extenso del mundo. Entre sus reconocimientos se destacó el valor de unir al continente americano con Europa.  El descendiente sueco pertenecía a una familia de inmigrantes que se establecieron en Detroit, Michigan. Su madre explicaba los elementos […]

Lindbergh, primer piloto en atravesar el Atlántico

Charles Augustus Lindbergh fue el primer piloto estadounidense en atravesar el océano atlántico, catalogado como el segundo más extenso del mundo. Entre sus reconocimientos se destacó el valor de unir al continente americano con Europa.

El descendiente sueco pertenecía a una familia de inmigrantes que se establecieron en Detroit, Michigan. Su madre explicaba los elementos químicos en aulas de clase mientras que su padre proponía leyes en el país norteamericano.

Lindbergh, desde muy joven mostró su interés en la ingeniería mecánica, pero tras involucrase en el vuelo, la abandonó y se matriculó a Nebraska Aircraft Corporation, donde surcó los cielos por primera vez.

“Si tuviera que elegir, preferiría tener pájaros que aviones”

En 1992 compró su avión propio, pero a sus 22 años se incorporó al cuerpo aéreo del ejercito estadounidense y recibió múltiples reconocimientos por su habilidad al manejar y salvar vidas.

Posteriormente, se desempeñó como piloto privado para la empresa de correos de San Luis. He ahí cuando, tras una jugosa oferta de un multimillonario, abrió sus alas desde New York a París, durante más de 33 horas en el Spirit of St. Louis, y logró un vuelo jamás hecho por otro pájaro mecánico.

Con su avión conoció más de 16 países de latinoamérica, entre esos Colombia, Venezuela, Costa Rica y México.

El escritor con un cráter lunar

Tras el secuestro y asesinato de su hija de año y medio, Charles se dedico al estudio de las fuerzas aéreas mundiales y se convirtió en activista en pro de la paz mundial.

“He visto a la ciencia que yo adoraba, y a las aeronaves que amaba destruir la civilización a la que esperaba servir.”

Además, escribió relatos sobre sus travesías aéreas. En su obra ‘El espíritu de Saint Louis ‘ retrato su asombroso viaje sin escala en el mar que posee 36 grados de sal por cada litro de agua. Fue condecorado con un Premio Pulitzer de literatura.

Al llegar su muerte el 26 de agosto de 1974 en Kipahulu, EEUU, por un linfoma que le mortificaba los días, la Unión Astronómica Internacional renombró un cráter lunar con su nombre.

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