Chet Baker

23 de diciembre del 2010

Chet Baker fue uno de los jazzistas más famosos de la década del cincuenta, que es la del cool jazz, liderada por Miles Davis. Tocó con los mejores músicos de su generación, inventó una nueva forma de improvisar tanto en la voz como en la trompeta, dio giras por el mundo entero y actuó en […]

Chet Baker

Chet Baker fue uno de los jazzistas más famosos de la década del cincuenta, que es la del cool jazz, liderada por Miles Davis. Tocó con los mejores músicos de su generación, inventó una nueva forma de improvisar tanto en la voz como en la trompeta, dio giras por el mundo entero y actuó en películas de Hollywood, y sin embargo, parece como si él no hubiera escogido ninguno de estos caminos, y los caminos lo hubieran escogido a él, en contra de su voluntad.

En el colegio, de niño, escogió el trombón para tocar en la orquesta, pero le quedaba muy grande y su padre se lo cambió por una trompeta, instrumento que habría de tocar el resto de su vida. Viajó a San Francisco para regalarse el ejército, pero terminó tocando en bares de jazz, donde su fama como músico empezó a crecer.

A los pocos años, casi involuntariamente, fue convocado por Charlie Parker, que lo había visto tocar, para acompañarlo en una gira por costa Este, y es así como se mete, o lo meten, a la gran escena del jazz de Nueva York. De Parker aprendió dos cosas que para bien o para mal habrían de marcar el resto de su camino: a improvisar a la manera del be-bop, estilo dominante del momento, y a empeñar el instrumento para comprar heroína, cosas que Parker hacía tan famosamente bien. Entonces se unió al cuarteto del igualmente talentoso y drogadicto Gerry Mulligan, con el que grabó una versión inolvidable de My funny valentine, que lo catapultó al estrellato. Las disqueras lo perseguían por buen músico, las productoras de Hollywood lo perseguían por buenmozo. Y así duró veinte años, entre giras y rodajes, paseando como un animal de zoológico por los cinco continentes.

Pero detrás del Chet Baker estrella mundial, había otro Chet Baker solitario y triste, que era sin duda el que abusaba de la droga como un intento desesperado de no perderse a sí mismo, pero también era el autor de los momentos más conmovedores de la historia del jazz. “Ningún trompetista –dice el experto Joachim Berendt-, ha captado el fenómeno de la soledad y la tristeza tan emotivamente como Chet Baker. Cada nota que tocaba era como un adiós a un buen amigo”.

Chet Baker murió en 1988, a las tres de la mañana, sobre el pedazo de andén justo debajo de la ventana del cuarto de un hotel en Amsterdam, en cuyas mesas quedaron, revueltas indistintamente, las jeringas y las trompetas.

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