Dalí, el genio paranoico

14 de mayo del 2013

“Es difícil mantener despierta la atención del mundo por más de media hora seguida. Yo he conseguido hacerlo durante más de veinte años”.

Salvador Dalí, Kienyke

Salvador Dalí no fue un loco y siempre se consideró un genio. Polos opuestos que coinciden con su personalidad histriónica, sus ideas delirantes, sus teorías políticas absurdas, y sus propuestas estéticas perspicaces, que fueron de la mano con su humor insoportablemente mordaz, con su adicción al exhibicionismo y con su inteligencia única.

Además de haber sido un prolífico y peculiar artista, fue un muy buen escritor. En sus diferentes textos deja un testimonio de su vida, de sus contemporáneos, de sus gustos y sus delirios.

Aquí algunos extractos de cartas que envió o algunas que se guardó para sí mismo. Un repaso por caminos paranoicos y alucinantes.

Sobre sí mismo 

Es difícil mantener despierta la atención del mundo por más de media hora seguida. Yo he conseguido hacerlo durante más de veinte años. Mi lema ha sido. “Que se hable mal de Dalí, aunque sea para bien”. Jamás, jamás, jamás, jamás el exceso de dinero, de publicidad, de éxito o de popularidad me ha dado –aunque sólo sea un segundo- ganas de suicidarme… sino todo lo contrario, siempre me ha gustado… Me alcanzan en la puerta para preguntarme: “¿Qué está de moda?”, pues “¡lo que pasa de moda!”, contesté”.

Cartas de juventud

“Cuanto más tiempo pasa más cuenta me doy de lo difícil que es el arte; pero cada vez disfruto más, y me gusta más. Sigo admirando a los grandes impresionistas franceses… Continúo sin preocuparme nada del dibujo, del que prescindo totalmente. El color y el sentimiento son las metas a las que dirijo mis esfuerzos. Seré un genio y el mundo me admirará. Tal vez e desprecien y me malinterpreten, pero yo seré un genio, una gran genio, estoy seguro”.

“En tres días terminé de asimilar a Nietzsche. Finalmente, tan opípara comida, sólo me faltaba un solo detalle de la personalidad del filósofo, un último hueso a roer: ¡sus bigotes! ¡Hasta en los bigotes iba yo a superar A Nietzsche! Los míos no serían deprimentes, catastróficos, colmados de música wagneriana y de brumas. Serían afilados, imperialistas, ultrarracionalistas y apuntando hacia el cielo, como el misticismo vertical…”.

Su encuentro con García Lorca

“… por otra parte la personalidad de Federico García Lorca produjo en mí una tremenda impresión. El fenómeno poético en su totalidad y en carne viva surgió súbitamente ante mí hecho carne y hueso, confuso, inyectado de sangre, viscoso y sublime, vibrando con un millar de fuegos de artificio y de biología subterránea, como toda materia dotada de la originalidad de su propia forma”.

Salvador Dali,kienyke

Su expulsión del Surrealismo y Hitler

“Cuando los surrealistas descubrieron en casa de mi padre … el cuadro que acababa de pintar y que Paul Éluard bautizó: El juego lúgubre, quedaron escandalizados con los elementos anales y escatológicos de la imagen representada… Me disponía a entrar en el grupo surrealista del que acababa de estudiar concienzudamente, deshuesando hasta el último huesecillo, las consignas y los temas. Me había imaginado que se trataba de trasladar el pensamiento al lienzo de una forma espontánea, sin el menor escrúpulo racional, estético o moral”.

“En el curso de mi defensa pro dommo, me arrodillé en distintas ocasiones, no para implorar que no me expulsaran, como falsamente se dijo, sino, por el contrario para exhortan a Breton a que comprendiera que mi obsesión hitleriana era estrictamente paranoica y apolítica en su esencia. Yo les expliqué, además, que no podía ser nazi, pues, si Hitler conquistaba Europa, aprovecharía la oportunidad para mandar al otro mundo a todos los histéricos de mi especie”.

“Cuando, al día siguiente, una gran periódico me solicitó la definición de surrealismo, respondí: ¡El surrealismo soy yo! Y lo creo, porque soy el único en perpetuarlo. Yo no he renegado de él, sino que, todo lo contrario, lo he reafirmado, sublimado, jerarquizado, racionalizado, desmaterializado, espiritualizado”.

La guerra civil española

Los desastres de la guerra y la revolución que destrozaban mi país, no hicieron más que exacerbar la violencia inicial de mi pasión estética y, mientras mi país interrogaba a la muerte y la destrucción, yo interrogaba a otra esfinge, aquella del inminente devenir europeo: el Renacimiento.

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