Débora Arango le ganó a la moral conservadora

Débora Arango le ganó a la moral conservadora

4 de diciembre del 2018

Débora Arango fue una transgresora de lo que hasta el momento se consideraba moralmente correcto. No le gustaban las reglas y eso la convirtió en el futuro en una de las mujeres más destacadas de la historia del arte colombiano.

Desde pequeña tuvo ese carácter fuerte de no dejarse imponer las reglas absurdas que el machismo establecido de los primeros años del siglo XX tenía en Colombia. Como por ejemplo que las mujeres no podían montar a caballo, entonces ella se vestía de hombre y como tal cabalgaba cuanto quería.

Fue la madre María Rabaccia la que reconoció el talento de Débora Arango cuando cursaba estudios en el Colegio María Auxiliadora de Medellín. La monja, junto a sus familiares la apoyaron en continuar explotando esa capacidad, para ese momento incipiente.

Fue así como en 1932, ya en la juventud, se vinculó a Eladio Vérez y Pedro Nel Gómez que le enseñaron la técnica e influyeron en la creación de su estilo. El último de estos fue crucial al proponerle a sus estudiantes empezar a pintar con una modelo desnuda, todas sus compañeras se salieron del salón pero Débora se quedó, interesada en descubrir y retratar un cuerpo sin supercherías.

“El arte no tiene nada que ver con lo moral: un desnudo no es sino la naturaleza sin disfraces (…) es un paisaje en carne humana (…) puede no ser bello, pero es natural, es humano, es real, con sus defectos y deficiencias”, dijo la pintora al periódico The Sun.

De ahí salieron dos pinturas de desnudos que la artista decidió exponer en la Exposición de Artistas Profesionales que se realizó en el Club La Unión en Medellín, junto a las demás alumnas de Pedro Nel. Ella fue la única que llevó retratos del desnudo y la ganadora del premio, pero recibió también el rechazo de moralistas que creían que no se debía pintar el cuerpo desnudo y menos por parte de una mujer.

Incluso hicieron desmontar la obra, uno de esos moralistas asiduos que la criticó y censuró, fue el político conservador Laureano Gómez. Él consideraba que los desnudos eran impúdicos y perversos. Eso generó una enemistad entre los dos, que luego la artista enfatizó al retratarlo como un sapo en su cuadro ‘La salida de Laureano’.

Pero los conflictos de censura no serían tan sencillos después, tuvo que irse a Estados Unidos cansada de que sus obras fueran descolgadas a los pocos días de ser expuestas. Volvió para retratar el momento político del ‘Bogotazo’ y parte del gobierno de Rojas Pinilla, pero terminó yéndose a Madrid consternada por las manifestaciones.

Pero hasta allá la siguió la mano ultraconservadora, su exposición en Madrid fue cancelada por orden del régimen franquista sin ninguna razón aparente.

Fue hasta 1975 que logró un exposición completa y tranquila de más de 100 cuadros. Después de esos vendrían varias retrospectivas de su obra y empezó a reconocerse la importancia de trazos en la historia del arte nacional.

Entre sus obras más reconocidas se encuentran: “Las monjas y el cardenal”, “El almuerzo de los pobres”, “El Cristo”, “La monja intelectual”, “En el jardín”, “Bailarina en descanso”, “Los cargueros”, “Los matarifes”,”Retrato de un amigo”, junto a cientos de dibujos de cuerpos desnudos que reposan en las principales bibliotecas del país.

Débora Arango murió el 4 de diciembre de 2005 a los 98 años de edad. Con reconocimientos como la Cruz de Boyacá, Medalla al Mérito Porfirio Barba Jacob y el Premio a las Artes y a las Letras de la Gobernación de Antioquia. Su más reciente reconocimiento fue ser plasmada en el billete de 2.000 pesos que circuló desde 2016 en el país.