El cadete que se convirtió en ángel

20 de enero del 2019

Historia de Diego Pérez, joven víctima del atentado en Bogotá.

El cadete que se convirtió en ángel

Con tan solo ocho años y los pocos acordes que sabía tocaba su guitarra, improvisaba versos que en su mayoría fueron dedicados a su madre y a una que otra pretendiente. A su padre lo deleitaba con su movimiento de balón, la camisa del América de Cali y con el ideal de seguir sus pasos.

“Desde muy niño siempre quiso ser policía, siempre era su sueño de ser un gran policía”, declara orgulloso el tío de Diego Alejandro Pérez, el joven cadete que se convirtió en uno de los 21 ángeles que enlutan al país y por los que se exige paz.

Pérez, oriundo de Tuluá, Valle del Cauca, era reconocido en su cuadra por ser inteligente, carismático y tímido. Recuerda su familia que los vecinos del barrio San Antonio, lugar de residencia actual, le decían -“y entonces qué, ¿ya salió del colegio o no?”, a lo que él siempre respondía ” no, espere y verá que cuando termine mi bachillerato me voy es de una a la universidad”.

Dicha afirmación lo llevó a curiosear a sus 17 años la medicina en la Universidad del Cauca. Tiempo que le sirvió para asimilar que “no, esto no es para mí, yo ya sé lo que me gusta”, narra su familiar, quien lo veía muy encaminado por ser uniformado, como su papá que duró 24 años en la institución.

“Se fue un ángel. Se fue una persona que dejó unos sueños inmensos por cumplir y que amaba la Policía Nacional”, dijo Ferney Pérez, tío de Diego.

El ingresó de Diego Pérez a la Policía no fue fácil, “le constó esfuerzo y soledad”, menciona su allegado, que además fue uno de los protagonista durante el servicio militar y el curso que debió afrontar Pérez para ser cadete en la Escuela General Santander.

En una conversación espontanea, el chico de 22 años le decía:”Tío, yo voy a llegar lejos, muy lejos. Porque yo no voy a ser cualquier policía, mi sueño es ser un comandante. Si quedó acá en Tuluá, con más orgullo lo voy a hacer”.

El cadete de año y medio quería estudiar administración de empresas o derecho para lograr subir en la escalafón militar colombiano.

Y aunque, constantemente le preguntaba sobre los posibles traslados que podría enfrentar un uniformado en épocas festivas, Pérez defendía que “un 24, 25 y/o 31 de diciembre son días normales para uno. La felicidad real es estar en la casa y gozar con la familia“.

Para su padre, quien vivió en angustia desde la noticia del atentado, llegar a Bogotá y preguntar por el joven que reportaban desaparecido, fue agónico. Narra que al pasar las pruebas de ADN solicitada por los agentes judiciales, tragaba saliva y “no reconocía que mi hijo se encontraba en la lista de fallecidos”, mencionó con voz impávida.

” A mi muchacho lo vamos a enterrar como un héroe”, manifestó.

En relación a la ‘Marcha por Nuestros Héroes’ que se desarrolló este domingo 20 de enero, la familia de Diego Alejandro Pérez agradece “al pueblo tulueño, a la Policía que desde el primer momento han estado pendientes, a la Cruz Roja que han mantenido a sus psicólogos 24/7 y a todo Colombia, porque somos más los buenos”.

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