Douglas Greenwood: el desafortunado final de un héroe

14 de diciembre del 2017

Después de un penoso cáncer terminó con su vida

Douglas Greenwood: el desafortunado final de un héroe

Aquella mañana de septiembre, en Nueva York, todo parecía normal. Brillaba el sol. Las personas llenaban las calles y los vagones del metro. Nadie se imaginaba que iba a cambiar el mundo. Y entonces un avión Boeing 767 de American Airlines se estrelló contra la Torre norte del World Trade Center.

Douglas Greenwood era policía. Hacía su turno como todas las mañanas cuando vio el avión cruzar el cielo de Manhattan para luego impactar contra el imponente edificio. Fue el primero en llegar al lugar del atentado. Durante los días que siguieron, de día y de noche, estuvo trabajando incansablemente en la Zona Cero.

Luego de su heroica participación en los rescates y la evacuación, por haber inhalado gases, polvo y humo, Greenwood fue diagnosticado con un cáncer pulmonar. Tuvo que abandonar la policía de Nueva York, a la que había dedicado los mejores años de su vida. Entonces, a pesar del deterioro de su salud puso una pizzería.

El lugar se llamaba Bleecker Street Pizza poco a poco fue cobrando notoriedad y según los entendidos, era una de las mejores pizzerías de la ciudad. Los clientes más frecuentes eran sus antiguos compañeros de la Policía. Al tiempo que el negocio crecía, Greenwood daba una dura batalla contra su enfermedad.

Cirugías, medicamentos, quimio y radio terapias. Todas las noches de los últimos diez años conectado a un respirador. El panorama no era alentador. Sin embargo durante mucho tiempo estuvo tratando de buscar salidas a su angustia. Y cuando ya no encontró nada, la noche del martes 12 de diciembre, se apuntó al pecho con un arma y haló el gatillo. Murió al instante.

Para familiares y amigos, la decisión de Greenwood no fue tomada con precipitación. La gravedad y los terribles dolores que le había causado la enfermedad lo llevaron a suicidarse. “Hablaba acerca de dispararse como algo inevitable. Él decía que si no había más calidad de vida, lo haría. Sabía que el tiempo se aproximaba”, dijo un amigo del expolicía.

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