Cuando el Che Guevara vio a Millonarios en El Campín

Cuando el Che Guevara vio a Millonarios en El Campín

9 de octubre del 2014

En su juventud el símbolo romántico de la revolución estuvo en Colombia. En esos años no buscaba contagiar el espíritu insurgente sino que venía por un sueño más terrenal e inmediato como amante del fútbol que fue: quería ver jugar a Millonarios y Real Madrid, y de paso conocer a su ídolo Alfredo Di Stéfano.

El 4 de enero de 1952 comenzó el primero de sus dos viajes internacionales por Latinoamérica en su moto, la ‘Poderosa II’, junto con su amigo Alberto Granado. Cuatro meses después de partir del sur del continente llegaron a Leticia, por su acento bonaerense fueron confundidos por futbolistas profesionales y no como estudiantes de medicina sin más ambición que la de conocer el continente y servir de voluntarios.

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En una carta dirigida a su madre, Cecilia de la Serna, el 6 de julio de 1952, Guevara le cuenta que “En Leticia, al principio nos trataron bien, nos alojaron en la Policía con casa y comida”, con el equipaje no ocurrió lo mismo: tuve que desembolsar 130 pesos colombianos, más 15 por exceso de equipaje, “en total 1,500 pesos de los nuestros”, se lamentaba Guevara. Dos días antes habían llegado en una balsita bautizada como ‘Mambo-Tango’ que había partido desde el puerto de Iquitos, en la selva peruana, donde había trabajado como voluntario con unas monjitas del Leprosorio de San Pablo.

Carlos J. Villar-Borda, en su biografía ‘Che Guevara, su vida y su muerte’, cuenta que el Che, con su labia y capacidad de convencer salvó la precaria situación económica y se hizo contratar como entrenador de un equipo de fútbol, incluso se atribuyó un apodo rutilante: el “Furibundo Serna”, que era el mismo que había utilizado como jugador de Rugby en  Caraguataí (provincia de Rosario), además no le contó a nadie que era asmático de nacimiento.

Para ratificar la buena contratación apodó a Granados “Pedernerita”, por su magnífico toque de balón y como un homenaje a Adolfo Pedernera, quien estaba por llegar a al equipo bogotano Los Millonarios. Eran buenos tiempos para el fútbol: la época denominada como El Dorado estaba en su apogeo, pues muchos jugadores argentinos (entre ellos varias estrellas) prefirieron jugar en nuestro país, traídos por las astucias y buen tino dirigente de Alfonso Sénior.

Exposicion Millos Futbol Dorado, kienyke

El equipo Los Millonarios (1953) comandados por los argentinos Pedernera, Cozzi, Rossi, y Di Stéfanos, por quien el Che Guevara sentía devoción. 

El Sporting Club era en las selvas de Colombia un equipo débil de la región que competía en torneos de aficionados. Cuando los pobladores vieron llegar a Guevara y Granados, creyeron que se trataba de un par de jugadores que hacían parte de un contingente listo para disputar partidos y torneos de la región.

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Guevara cuenta en la carta que “pensábamos entrenar para no hacer papelones, pero como eran muy malos (sus rivales) nos decidimos también a jugar, […] el equipo llegó al campeonato relámpago organizado, fue finalista y perdió el desempate por penales”. Para que los demás no se enterasen de su asma decidió jugar como arquero del club, “me atajé un penal que va a quedar para la historia de Leticia”, contó.

Después del partido, Guevara y Granado viajaron a Bogotá en un avión Douglas, según el periodista peruano Ángel Hugo Pilares, “al avión le fallaron tres de los cuatro motores”, antes de acomodarse en el avión un policía lo recriminó por no limpiar su rodilla derecha tras el partido final. Tres horas después llegaron a Bogotá, aquel día fue para Guevara “regularcito”, pues lograron conseguir alimentos y bebida en la Universidad Nacional pero no alojamiento, pues la Ciudad Universitaria organizaba un evento de la ONU con estudiantes internacionales. Aquella noche Guevara durmió en la silla de un hospital, al siguiente día debió ayudar en el pabellón de leprosos.

Agrega Pilares que en la universidad conocieron a Julián Córdoba, estudiante de Medicina, a quien Guevara y Granado le suplicaron que los llevase a conocer a Alfredo di Stéfano, quien jugaba en Los Millonarios y almorzaba todos los días en un restaurante exclusivo en el centro de la ciudad. Fueron al sitio, después de los saludos protocolarios Di Stéfano les regaló un par de pases para que entraran al estadio al partido histórico Real Madrid-Millonarios.

Por aquellos días Di Stéfano estaba negociando en secreto su pase para el Barcelona FC, en el que jugó algunos partidos, antes de ser la estrella del equipo blanco madrileño al final de los años cincuenta.

Unos años después, cuando era Ministro de Industria de la Revolución Cubana, el Che practicaba fútbol casi todas las semanas y se volvió aficionado al beisbol.

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