El final de Hitler contado por su esposa

El final de Hitler contado por su esposa

2 de mayo del 2013

Eva Braun pasó a la historia como una sombra de Hitler. No sabemos con exactitud cómo catalogarla: ¿fue su amante, quizás su novia, o simplemente la esposa por una firma estampada ante un notario absorto por la figura del novio? Más allá de esta discusión, ella conoció muy de cerca el lado íntimo del Führer, sus debilidades nunca reveladas o sus manías secretas. Recibió de él un trato gentil y amable de esposo fiel, aunque también sufrió la irremediable condena de cargar con un viejo patético, una especie de profeta equivocado, que convirtió a su país en un cementerio de fanáticos hace 68 años.

En estas dos cartas escritas a su hermana, Herta Braun, Eva recrea el estado psicológico de una veintena de personas que permanecieron junto a Hitler en el búnker antes de fin de la guerra. 

«Berlín, 22-IV-45.

«Querida pequeña Herta:

«Estas son las últimas líneas, y también la última señal de vida por mi parte. No me atrevo a escribir a Gretl; debes hacerle comprender todo esto con cuidado a causa de su estado. Voy a mandaros mis joyas, y os ruego que las distribuyáis según mi testamento, que se encuentra en la Wasserburgerstrasse. Espero que con esas joyas podáis manteneros a flote durante un tiempo. Os ruego que bajéis de la montaña, ya que es un sitio muy peligroso para vosotros, si todo debe terminar. Aquí combatiremos hasta el fin, pero temo que ese fin se acerca cada vez más peligrosamente. Lo que sufro personalmente viendo al Führer, es algo que no puedo describir. Perdóname si escribo algo confuso, pero a mi lado están los seis niños de G. y no se quedan tranquilos.

¿Qué más puedo decirte? No llego a comprender que todo esto pueda ocurrir de este modo; no se puede creer en Dios. Un hombre espera esta carta. Todo, todo el cariño y la bondad para ti, mi fiel amiga. Saluda a mi padre y a mi madre, que deben regresar a Munich o a Traunstein. Saluda a todos mis amigos.

Muero como he vivido. No es una carga, tú lo sabes bien. Te saluda de todo corazón y te abraza, tu Eva.

P. D. — Conserva esta carta sin divulgarla, hasta que sepas de nuestro fin. Sé que es mucho pedirte, pero eres valiente. Quizá todo pueda terminar felizmente aún, pero él ha perdido la fe, y nosotros, me temo, aguardamos inútilmente.»

«Berlín, 23-IV-45.

Mi querida hermanita:

No sabes cómo me apena que tengas que recibir estas líneas de mi parte. Pero no puede ser de otro modo. Con cada día, con cada hora que pasa, puede llegar el fin para nosotros, y por consiguiente debo aprovechar la última ocasión para decirte lo que hay que hacer todavía (…).

El Führer ha perdido toda esperanza en una solución feliz del conflicto. Pero todos los que aquí estamos, incluida yo, tenemos esperanza mientras hay vida. Te ruego que mantengas en alto la cabeza y que no desesperes. Aún quedan alientos, pero es evidente que no vamos a dejar que nos capturen vivos (…).

Por otra parte, debo rogarte que te ocupes de lo siguiente: Destruye toda mi correspondencia privada, y sobre todo los papeles de negocios. Bajo ninguna circunstancia deberán ser halladas las facturas de la Heise. Destruye también un sobre que está dirigido al Führer y que se encuentra en la caja fuerte del sótano. Ruego que no sea leído (…).

También te pido que con las cartas del Führer y la copia de mis contestaciones (libreta de piel azul), hagas un paquete que resista a la humedad, y que por último lo entierres bajo tierra.  Te suplico que no lo destruyas (…).

«P. D. —Acabo de hablar con el Führer. Creo que hoy se ve el futuro bastante menos sombrío que ayer. La dirección del relojero es: SS Untersharf Stegemann, SS Lager Orianenburg, evacuado a Kyritz.»

 

Textos tomados del libro ‘Eva Braun: una vida con Hitler’, del autor Heike B. Gortemaker. Traducido por Guillem Sans Mora. Editorial Random House Mondadori, Bogotá.