El periodista que hizo llorar a Richard Nixon

El periodista que hizo llorar a Richard Nixon

2 de septiembre del 2013

Frost hizo lo que parecía imposible en aquellos años: que el expresidente de la nación más poderosa del mundo confesará la verdad. Aún más: que pidiese disculpas al mundo y su país por sus errores. No fue fácil conseguir que Richard Nixon se volviese humano ante sus ojos y los de 50 millones de televidentes.

A principios de 1975, las tres cadenas televisión más importantes de Estados Unidos (NBC, CBS y ABC) estaban en puja por lograr la exclusiva con “el entrevistado más misterioso del mundo”, las cifras ascendían a millones de dólares. Frost necesitaba un golpe periodístico y de opinión, pero antes que estos, necesitaba un golpe de suerte: 1.600 mil dólares por cuatro programas de 90 minutos cada uno. Christian Ramírez explica “Claro que con unas cuantas condiciones: exclusividad, salir al aire antes de la aparición del libro de memorias de Nixon, y libertad para discutir sobre el escándalo Watergate.

Un año antes, en agosto de 1974 en una alocución presidencial Richard Nixon renunciaba a la presidencia de la nación por una serie de escándalos de chuzadas ilegales en la sede de sus opositores políticos, el Partido Demócrata, en el edificio Watergate. Un día después –de agosto-,  de la dimisión Gerald Ford prestaba juramento del cargo presidencial.

Sin el saco de fuerza de la diplomacia y las rigurosas normas de Estado Nixon estaba libre para contar su versión del escándalo. Y así lo hizo, “ofreció tantas entrevistas como pudo […] habló más de la cuenta”. Nixon decidió contratar a Swifty Lazar, un agente de estrellas, quien debutó en su cargo con un contrato con la Warner Books de dos millones por las memorias del mandatario. Del libro se haría una película y se planeó una serie. Quedaba un espacio libre para un reportaje.

Con las condiciones del equipo de Nixon definidas, el 9 de agosto de 1975 David Frost se reunión con Nixon en Casa Pacífica, la mansión del político en San Clemente, California. Frost comenta que “se veía confiado. Había ganado peso. No era ni la sombra del tipo que habíamos visto en los últimos meses”.

David Frost y Richar Nixon, kienyke

Las conversaciones entre Frost y Nixon duraron treinta horas y se convirtieron en un guion para teatro y película, ‘Nixon/ Frost’.

Frost y Nixon se sentaron finalmente a finales de marzo de 1977. Durante 12 días repartidos en varias semanas conversarían dos horas continuas en cámara. La primera pregunta que el mundo vio en televisión fue: “Señor Presidente, ¿Por qué no quemó las cintas del Watergate?

Hay que tener en cuenta que Frost era un entrevistador pertinaz, obstinado e incluso agresivo. Por su parte Nixon se mostraba esquivo, derivativo y en algunas entrevistas pasadas algo robótico y vulnerable. Una mezcla poco común, pues de los días que pasaban editando la entrevista se sentía que no iba por buen camino. Frost decidió hacer a un lado el protocolo inglés y se lanzó al ruedo.

“Pienso que la gente necesita oír una disculpa, y creo que si al menos no lo hace, eso lo estará persiguiendo por el resto de su vida”, dijo Frost.

Nixon bajó la mirada y respondió: “Decepcioné a mis amigos, decepcioné al país. Desilusioné nuestro sistema de gobierno y los sueños de todos esos jóvenes que querían formar parte de él, pero que piensan que todo está demasiado corrupto y el resto (…) Tengo que llevar esa carga por el resto de mi vida. Mi carrera política está acabada”.

Lo que siguió después hace parte del capítulo televisivo más importante de aquellos años en Norteamérica: un presidente arrepentido que gimoteaba con cada verdad develada.

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