El petiso Orejudo, el pequeño asesino en serie

El petiso Orejudo, el pequeño asesino en serie

15 de noviembre del 2017

Esta es una historia nunca conocida en Latinoamérica -para la época-. Conocer un asesino en serie que inició sus días delictivos y escalofriantes a la corta edad de siete años, parece que fuera algo salido únicamente de la ficción cinematográfica estadounidense, pero no es así, es una historia real.

La vida del “Petiso Orejudo” fue trágica desde antes de nacer. Conoció el maltrato por parte de su padre, que era alcohólico. Maltrataba a su madre aun cuando tenía al niño en el vientre. Tal vez, este fue el único lugar donde el Petiso fue puro e inocente.

Su nombre era Cayetano Santos Godino, nació el 31 de octubre de 1896 en Buenos Aires, Argentina. Se le conoció por su apodo del “Petiso Orejudo” dada su corta estatura y sus grandes orejas. Pero principalmente se le reconoce por sus crímenes y actos psicópatas a principios del siglo XX.

Desde su nacimiento Cayetano tuvo fuertes problemas de salud llegando a estar en repetidas ocasiones muy al filo de la muerte. Sufrió del maltrato provocado por su padre y su hermano, lo que le ocasionó una niñez depresiva y llena de resentimiento.

Era constantemente agresivo, razón por la que no duró mucho en una sola escuela. Apenas pasaba los siete años, cuando su padre le encontró en uno de sus zapatos un pájaro muerto. Esto le causó una gran inquietud, y al entrar a su habitación, notó que bajo la cama tenía un sin número de animales decapitados amontonados en una caja de cartón.

Dado esto, su padre fue con él a una comisaría donde solicitó que la policía se hiciera cargo del niño, durante el tiempo que fuera necesario, en el lugar que se creyera pertinente, para que lo pudieran corregir. Con esto su padre buscó arreglo a su rebeldía. Pero solamente duró cerca de dos meses retenido. No tuvo algún cambio positivo en su actuar.

Su primer asesinato tuvo lugar exactamente en Argentina, el 29 de marzo de 1906. Fue descubierto años después del cometido. Llevó a una niña de tan solo tres años por medio de engaños a un lote descubierto, donde intentó estrangularla. Luego, la enterró viva. Tiempo después, Petiso confesó con detalles el asesinato.

Para 1912 fue el culpable de cuatro incendios en tiendas o licoreras del barrio. Incendió también a una niña de cinco años que luego murió. Otro de sus asesinatos, fue cuando llevó a la fuerza a uno de los niños con los que jugó a una fábrica desocupada, con el cordón de sus zapatos asfixió al niño y luego le enterró un clavo en la frente.  

Finalmente fue detenido por la policía a quienes les confesó sus atroces “picardías”. Fue condenado a cadena perpetua y llevado a una de las peores cárceles del país. Allí, murió el 15 de noviembre de 1944 a causa de una fuerte golpiza propinada por sus acompañantes de patio, luego de que asesinara y quemara a un gato, la mascota de los presos.