Emiliano Zuleta

11 de enero del 2011

Emiliano Zuleta, el viejo Mile, es uno de los padres del vallenato, tanto en sentido figurado, como en sentido literal, pues hijos suyos fueron Poncho y Emiliano Zuleta, los hermanos más famosos del vallenato. Pero en la época en que Emiliano empezó a tocar en Valledupar no existía el vallenato como lo conocemos hoy, y […]

Emiliano Zuleta

Emiliano Zuleta, el viejo Mile, es uno de los padres del vallenato, tanto en sentido figurado, como en sentido literal, pues hijos suyos fueron Poncho y Emiliano Zuleta, los hermanos más famosos del vallenato.

Pero en la época en que Emiliano empezó a tocar en Valledupar no existía el vallenato como lo conocemos hoy, y a cambio había una mezcolanza bastante indiferenciable de ritmos, como la puya, el paseo, el son y el merengue, y de metros, como la décima, en que se escribían desde las canciones de fiesta hasta las de entierro. El instrumento protagónico era sin duda el acordeón, a veces acompañado de unas guacharacas de más de un metro de largo y de caja, pero la mayoría de las veces acompañado sólo del canto, a cargo de un solo músico.

Emiliano, sin embargo, no nació en Valledupar, sino en un mínimo pueblo de la Guajira llamado La Jagua del Pedregal, en que vivía también un tío suyo que tocaba el acordeón y que solía tener unos cuantos a la venta. Uno de ellos fue el que robó Emiliano a los trece años, y que se llevó a la sierra, en donde se resguardó un buen rato, volviendo, en sus propias palabras, “ya hecho una fiera del acordeón”. Entonces le dedicó una canción a su tío, disculpándose por el hurto, lo que le valió no sólo el perdón de éste sino un acordeón en mejor estado, con el que Emiliano se fue a Valledupar, a ver tocar a las leyendas vivas del instrumento.

Allá se batió en duelo con el Chico Bolaños y Carlos Araque, y conoció al centenario Nandito el Cubano, sempiterno enemigo musical de Francisco el Hombre, leyenda de leyendas. De ellos aprendió los secretos del fuelle, y muy pronto logró imponer sus composiciones a las de sus maestros. La más famosa de ellas es sin duda La gota fría, en que Emiliano tienta la paciencia de Lorenzo Morales, que no tardó en responderle, en La carta:

Le mandé a decir a Emiliano Zuleta

Que para los carnavales me espere,

Que quiere tocar las teclas conmigo

Y así como yo le digo él no puede.

Pero Emiliano sí pudo, y así es como su Gallo viejo y su El indio Manuel María pasaron a ser, junto con las composiciones del maestro Escalona, los ancestros del vallenato que habría de venir.

Emiliano murió a los noventa y tres años, acompañado de la última de sus incontables mujeres, y habiendo podido presenciar de inicio a fin la carrera vallenata de sus hijos, que es a la vez la historia del género que él mismo había ayudado a inventar.

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