Freud y la cocaína

Freud y la cocaína

18 de agosto del 2013

Después de haber leído un artículo que el médico Theodor Aschenbrandt escribió sobre la cocaína en una revista especializada austriaca, Freud comenzó a hacer experimentos con ella en su propio cuerpo y en el de pacientes, amigos y hasta familiares. Comprobó que esta droga (desconocida en Europa al final del siglo XIX) resultaba eficaz contra el agotamiento, las molestias estomacales, asma, mareos en el mar, y era útil para eliminar síntomas dolorosos. En la revista Centralblatt für die gesamte Therapie publicó sus primeros experimentos titulados “Sobre la cocaína” y llegó a saludar a la droga como un afrodisiaco prometedor.

La droga había sido llevada desde el Perú a mediados siglo XIX en la vuelta al mundo que el archiduque Maximiliano inició con la fragata Novara. Los miembros de la expedición constataron que los aborígenes consideraban la “planta divina” como un verdadero medicamento milagroso. Aunque la mayoría de los científicos europeos la veían “por encima del hombro”, y consideraban su fuerza vivificadora como era pura fantasía. Hasta que Freud afirmó en su informe que “la eficacia de la hoja de coca no debe limitarse a la raza india”.

Uno de sus primeros pacientes fue el asistente del Instituto Farmacéutico, Ernst von Fleischl, a quien por cierto Freud admiraba hasta los límites de la envidia (lo consideraba un paciente ideal), lo que no sabía Freud era que Fleischl padecía una grave neuralgia y era morfinómano, pues en una necropsia accidentalmente se amputó un dedo por lo que consumía morfina para mitigar su dolor. Freud esperaba ayudar a su amigo, pero el tratamiento surtió el efecto contrario: Fleischl terminó siendo adicto a la morfina y a la cocaína.

Exhortando a los incredulos

En la biografía de Martha Arregui ‘El detective de la mente: Sigmund Freud’, cuenta que él había reparado en las ventajas pero no en los peligros de la cocaína, “por eso él mismo comenzó a tomar la droga, que le ponía en una insuperable forma física y mental”. Peor no contento con eso, enviaba pequeñas dosis a su secretaria privada y luego esposa, Martha Bernays, “para hacerla fuerte y robusta”, e invitaba constantemente a colegas, amigos y familiares a tomarla. Freud no llegó drogadicto pues se inyectaba el estupefaciente en pequeñas dosis, por lo que pudo renunciar a la droga cuando quiso.

Una tarde en que Freud se dedicaba a experimentar con la droga, buscando combatir neuralgias y enfermedades psíquicas, tomó una dosis líquida vía oral. Notó de inmediato que “la lengua se hacía como piel”. Las dudas, según Arregui “desaparecieron en seguida: la droga producía un efecto anestesiante al entrar en contacto con la piel y la mucosa”.

Sin embargo,  Freud cometió un error fatal para un científico: contó sus experimentos a sus colegas. La situación fue de lo más cotidiano: en 1884 estaban en el Hospital General de Viena cuando un asistente pasó cerca de él dando alaridos por un dolor de muela. Freud ni corto ni perezoso le  recetó una dosis de cocaína, “que produce entumecimiento de la lengua” aseguró. Varios médicos acompañaron a Freud y a su víctima a una sala de tratamiento, “donde unas gotas de cocaína mitigaron inmediatamente el dolor”. Entre los jóvenes médicos se encontraban los doctores Koller y Königstein, que meses después se hicieron mundialmente famosos, “por haber cumplido el fantástico sueño de operar sin producir dolor”. Koller es considerado como el descubridor de la anestesia local mediante la cocaína.

Freud trae de vuelta este episodio –que lo amargó profundamente algún tiempo- en ‘La Interpretación de los Sueños’, “Koller es famoso, vital para la cirugía menor. Pero yo no guardo rencor a mi esposa de mi omisión de entonces”, afirma después de haber renunciado  -a causa de Martha- a publicar oportunamente sus descubrimientos. Aunque en verdad, el error fue suyo, no de ella, aunque para la posteridad haya quedado la versión del marido reprochón, “fue culpa de mi esposa que yo no me hiciera famoso ya de joven”.

Pastillas de cocaína, Sigmund Freud, Kienyke

Recetas para todos

Las críticas contra sus experimentos se multiplicaron después de aconsejar en varias conferencias la utilización psiquiátrica de la cocaína en casos de histeria, hipocondría y depresión. Un tal profesor Albrecht Erlenmayer publicó un panfleto contra la teoría de Freud, en el que concluía que la cocaína era un medicamento peligroso. Así, mientras sus colegas conseguían renombre y fama con sus investigaciones sobre la cocaína, Freud  recogía críticas negativas y reproches que desembocaron en periodos de depresión y  ensimismamiento.

La primera temporada de agravios contra Freud fue más allá de la muerte de su amigo Fleischl. Pues él  continuó experimentando con ella, y recomendaba la droga –entonces de venta libre en farmacias y droguerías- a cuantos padecían depresiones. Afirmaba Freud que “la cocaína es un estimulante más potente e inocuo que el alcohol”, y lamentaba que un precio tan elevado impidiese su utilización. Sus investigaciones le valieron la fama de fanático, contra sus métodos protestó unánimemente la academia vienesa de entonces.

Finalmente, puede ser cierto que Freud actuó un poco “a la ligera” con la “droga milagrosa”. Sin embargo, sus experimentos fueron importantes para el desarrollo del psicoanálisis, pues la idea de que es posible influir en la conducta humana ya nunca le abandonará. El camino para llegar al psicoanálisis fue largo y espinoso, y la cocaína, determinante. Su confianza en el fármaco llegó al punto de una experiencia conmovedora, pues su padre debía ser operado de glaucoma ocular. Así, Jacob Freud fue uno de los primeros pacientes del mundo que se benefició del prometedor descubrimiento de su hijo: la operación fue un éxito y no sufrió ningún tipo de dolor durante la cirugía.