Juan José Arreola, una vida entre letras

21 de septiembre del 2018

A cien años de su nacimiento el mundo recuerda al escritor.

Juan José Arreola, una vida entre letras

A cien años de su nacimiento, el mundo recuerda al destacado escritor Juan José Arreola, un hombre que durante la mayor parte de su vida estuvo ligado a las letras y a la comunicación.

Sus variados trabajos en el mundo de la escritura dan fe de ello. Antes de publicar masivamente sus obras más reconocidas, trabajó en una litografía donde realizó parte del proceso de transmisión de la escritura haciendo de encuadernador.

Posteriormente, continuó en el mundo de la creación literaria, pero esta vez su trabajo dejó de ser manual y pasó a la creación propia. Se desempeñó como editor y colaborador de diferentes publicaciones literarias.

Este autor de culto de la literatura mexicana provino de una familia compuesta por catorce hijos y su educación básica se dio en un colegio religioso.

Su reflexión acerca del lenguaje terminó coincidiendo con su participación a través de diversos formatos de difusión. Desde que era jóven, en parte motivado por su gran interés en el teatro, incursionó en la radio, donde participó en radionovelas. 

Por ese mismo gusto comunicacional hizo parte de algunos programas televisivos, mayoritariamente culturales; incluso, llegó a participar en programas deportivos.

Su mayor legado lo dejó en el texto, dejando destacadas compilaciones en la ficción y análisis sobre literatura, principalmente.

En vida fue ampliamente reconocido. La brevedad y contundencia fueron características de sus escritos. Su pasión por la poesía la demostraba cuidando al extremo sus publicaciones en las que, según cuentan, miraba al detalle para encontrarles el tono adecuado.

Entre sus obras más nombradas se encuentran las compilaciones de cuentos Bestiario (1972) y Confabulario (1952), su única novela, La feria (1963) y algunos ensayos.

Durante su vida fue ganador del Premio Xavier Villaurrutia, en 1963; del Premio Nacional en Letras, en 1979, y del premio Juan Rulfo, en 1992. Curiosamente, esa no fue su única relación con dicho autor, pues lo editó y fue uno de los pocos que intervino en su obra, además de tener estrecha relación con él en otros escenarios.

Su tono pausado y reflexivo al hablar terminaba de conjugar su aura de intelectual. El 3 de diciembre de 2001, cuando tenía 83 años, dejó este mundo a causa de una hidrocefalia.

“El lenguaje está hecho más para ocultarnos que para manifestarnos”, fue una de las tantas reflexiones que dejó en sus múltiples apariciones públicas.

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