Karen Quinlan: la mujer que se ganó el derecho a morir

Foto: Wikipedia/Shutterstuck

Karen Quinlan: la mujer que se ganó el derecho a morir

11 de junio del 2017

Entonces Karen Quinlan tenía 21 años. La noche del 15 de abril de 1975 la habían invitado a una fiesta. Para la ocasión compró un vestido que, desafortunadamente, le había quedado pequeño. Y para poder ponerse la prenda y verse muy hermosa, Karen se había sometido a una dieta terrible. En realidad casi no comía nada.  Para el día de la reunión apenas había probado dos rebanadas de pan tajado en 48 horas.

En la reunión, Karen se pasó de tragos; además ingirió varías pastillas de un potente barbitúrico: Valium. Los efectos del alcohol y la droga hicieron que se sintiera mareada, así que fue y se recostó un rato. No volvería a pararse nunca más. Un par de horas después fue encontrada por sus amigos, inconsciente y sin respiración. La llevaron de inmediato a un hospital.

Luego de los exámenes, el diagnóstico fue contundente: Karen tenía muerte cerebral. Era imposible que volviera a pararse de la cama o a valerse por sí misma alguna vez. Karen se había convertido en un vegetal.

Como la posibilidad de que Karen pudiera volver a ser la misma resultaba tan remota, sus padres, algo más de un año después del accidente, solicitaron que se le retirara el respirador. Seguramente ella moriría.  Sin embargo, como el hospital creían que había que mantener la vida a toda costa, se negaron a la petición. Desde entonces los médicos y los padres de Karen empezaron una batalla legal sin precedentes para que ella pudiera morir.

A finales de 1976, una corte de Nueva Jersey autorizó la petición de los padres y le dio la orden al hospital de desconectar a Karen. Inesperadamente, ella volvió a respirar por su cuenta, sin que del todo haya salido de su estado vegetativo. Así duró por 10 años. Murió por una neumonía en 1985.

La historia de Quinlan parece una entre tantas. Y puede que lo sea. Sin embargo fue importante en la media que abrió el debate en torno a la eutanasia y la muerte digna. El País de España escribió que “El caso Quinlan ha abierto la puerta al diálogo sobre la cuestiones éticas y legales que rodean a la moderna medicina en la era tecnológica. Gracias a los últimos avances técnicos y científicos, es posible prolongar hasta límites extremos la vida de pacientes que hace unos años hubieran muerto irremisiblemente. Bruce Jennings, un experto en Deontología Médica del New York Hasting Center, ha explicado: “El caso de Karen Quinlan nos ha ayudado a abordar el dilema que plantea la medicina moderna: las cuestiones de la vida y la muerte están en nuestras manos, no en las del destino”. Para los observadores, esta historia se ha convertido en un punto de referencia para pacientes muy viejos o con enfermedades incurables que dirán que no quieren vivir como lo ha hecho Karen.

“Gracias al precedente sentado por este caso, en 24 Estados y en la capital federal están permitidos los testamentos en vida para decir ‘ a los médicos que no se empleen sistemas artificiales para seguir manteniendo a una persona con vida en los casos de enfermedades incurables. El 17 de enero de 1985, el Tribunal Supremo de Nueva Jersey fue más allá al fallar que es legal dejar de alimentar artificialmente a este tipo de enfermos. Esta sentencia no ha podido ser aplicada, sin embargo, a otro famoso caso, el de Elisabeth Bouvia, una enferma cuadrapléjica que en 1983 perdió una batalla legal para dejar de ser alimentada artificialmente”.