La dueña de una gran chiva que nunca pudo dar

La dueña de una gran chiva que nunca pudo dar

6 de mayo del 2016

A las 6 y 15 de la tarde de este miércoles  dejó de existir en un centro hospitalario bogotano la periodista antioqueña Beatriz Elena García Fernández, “La Gorda”.

Su deceso no sorprendió a nadie porque los facultativos  habían prevenido a sus familiares y amigos sobre el carácter irreversible del mal que la puso a peregrinar por el país debido a las trabas que le impone a los pacientes una medicina como la colombiana cada día menos humanizada.

La enfermedad terminal la forzó a buscar alternativas hospitalarias en Urabá, Cartagena, Villavicencio y Bogotá, donde cerró su ciclo vital cuando caía la noche de este 4 de mayo de 2016.

Seducida siempre por los asuntos militares, tuvo estrechos vínculos con las fuentes castrenses cuyos mandos la consentían dándole para su medio (la cadena radial Caracol) las mejores primicias informativas.

Dueña de una alta dosis de buen humor, en la redacción del noticiero, en la vieja casona del sector de Laureles, agarraba a los vuelos su enorme bolso y nos decía a todos, bien sonriente, que se iba para la “Cuarta Obligada”, en vez de la IV Brigada, porque había chiva en ciernes.

También tenía cercanía en materia informativa con el Clan de los Castaño Gil, vínculo que se dio cuando su hermano menor, Mauricio García, “El Mono”, se retiró de las Fuerzas Militares y engrosó los cuadros de mando de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia) a pedido de Fidel, el mayor de los Castaño. El benjamín de los García Fernández se convirtió no solo en el brazo derecho de “Rambo” (así apodaban al máximo líder de los paramilitares) sino en “Doble cero”, alias que eligió como  comandante del Bloque que operaba clandestinamente en Medellín y su Valle de Aburrá.

En su condición de hombre clave en el engranaje de la organización armada su hermano tuvo una importante participación en la constitución de “Los Pepes” (Perseguidos por Pablo Escobar), el temido ejército que enfrentó y acorraló en su propio bastión al temible capo del Cartel de Medellín, persecución que llevó a la muerte al poderoso narcotraficante, el 2 de diciembre de 1993, en un entejado de su escondite, en la vivienda del barrio “Los Olivos”, al occidente de la ciudad, como si se tratara de un modesto cogedor o reparador de goteras. Obviamente, Beatriz Elena García hizo parte del privilegiado núcleo de colombianos que conoció de primera mano la estremecedora noticia del final de Escobar Gaviria.

La noticia impublicable 

Un año después de la caída de Pablo Emilio vino la muerte de Fidel Castaño a manos de las “Farc” (sus archienemigos) en un retén guerrillero, entre San Pedro y San Juan de Urabá, donde el líder paramilitar se paseaba a sus anchas, con toda tranquilidad.

Al verse sorprendido por los insurgentes, “Rambo” quiso ofrecer resistencia y fue acribillado cuando intentaba desenfundar su arma de fuego que nunca le faltaba al cinto. Murió en el acto. Las “Farc” abandonaron el sitio del episodio ignorando que acababan de dar muerte a su más encarnizado adversario.

La noticia de la muerte de Fidel le llegó a Beatriz Elena en la tarde de aquel diciembre de 1994, pero con la condición de que no la publicara porque había que evitar a toda costa que las ”Farc” la capitalizaran como “un trofeo de guerra”, por ser quien era el occiso. Se le sepultó calladamente en la zona bananera.

Vino el relevo en las AUC. Asumió el mando Carlos Castaño, el menor del Clan, al que después asesinarían en la misma zona de Urabá. Por la misma vía despacharían a Antonio, el otro hermano. Con el paso del tiempo moriría acribillado por sicarios, en una calle de El Rodadero, cerca de Santa Marta, el joven Mauricio Garcia, el hermano de la queridísima “Gorda” Beatriz Elena, que en gloria esté.