Leopold von Sacher-Masoch

27 de enero del 2011

Sacher-Masoch nació en la actual Lviv, pequeña ciudad al este de Polonia que en ese entonces se llamaba Lemberg y era parte del Reino de Galitzia y Lodomeria, parte del Imperio austríaco. Su familia era católica y estaba ligada a la academia, por lo que Sacher-Masoch estudió matemáticas e historia en Alemania y regresó a […]

Leopold von Sacher-Masoch

Sacher-Masoch nació en la actual Lviv, pequeña ciudad al este de Polonia que en ese entonces se llamaba Lemberg y era parte del Reino de Galitzia y Lodomeria, parte del Imperio austríaco. Su familia era católica y estaba ligada a la academia, por lo que Sacher-Masoch estudió matemáticas e historia en Alemania y regresó a su ciudad natal a enseñar en la universidad. Para entonces ya había empezado a escribir sus primeras obras, de tema histórico, pero que se fueron volviendo paulatinamente literarias. Y es por la última de éstas, una colección inacabada de cuentos llamada El legado de Caín, por la que hoy se le recuerda.

En ella Sacher-Masoch escribió cuentos sobre la vida de los intelectuales de Austria narradas desde un punto de vista psicológico, adentrándose en los motores más escondidos que conducen al hombre a la acción. Esta especie de ejercicio psicoanalítico lo llevó a hallar una manera de expresar sus propios deseos y fantasías sexuales a nombre de sus personajes, como un modo de ver en la literatura las consecuencias de lo que en vida no se atrevía a hacer.

Los primeros cuentos están llenos de temas misóginos, pero poco a poco ese odio se va evidenciando como un deseo sexual de sentir dolor, desarrollado finalmente en La Venus de las pieles, una historia erótica en que una dama cumple las fantasías de su marido por medio de un contrato. El cuento, por medio de psicólogos posteriores, dio lugar al término masoquismo, con el que se refiere la desviación sexual de asociar el dolor propio con el placer.

Pero a Sacher-Masoch no le parecía una desviación, sino simplemente un fetiche, y así es que intentó hacer realidad las escenas de sus cuentos con sus sucesivas esposas y amantes. Con la baronesa Fanny Pistor firmó un contrato legal que lo hacía su esclavo durante seis meses, y se fueron, como el cuento, en tren hacia Florencia, él en el vagón de tercera clase y ella en el de primera. El trato, para ella, consistía en vestirse con abrigos de piel siempre que salieran a la calle, y tomar el papel dominante cuando en cambio regresaran al hotel.

Paralela a su ocupación de realizar sus historias con sus mujeres, Sacher-Masoch dirigía una revista en Leipzig en que escribía, tal vez motivado por la culpa, artículos defendiendo los derechos femeninos y la integración de los judíos a la sociedad europea. Sin embargo, la muerte le llegó antes de que pudiera dar sentido a esta obra doble, que tanta luz logró arrojar en los rincones más oscuros del espíritu.

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