La diva que se atrevió a usar pantalones

La diva que se atrevió a usar pantalones

20 de agosto del 2013

Como corresponde a una diva de Hollywood, María Magdalene Dietrich quiso hacerlo todo, y si no todo lo logró, de seguro lo intentó.

Empezó su carrera como actriz en su Berlín natal, trabajando para los directores más importantes de la República de Weimar, como Josef von Sternberg, director de la exitosa Ángel Azul. Pero Dietrich también quería ser cantante, y pronto empezó tanto a cantar en sus películas como a grabar las bandas sonoras, primero interpretando clásicos alemanes y luego canciones de su propia invención. Después, en la década del cincuenta, cuando su carrera cinematográfica había empezado a decaer, se volvió estrella de cabaret en Londres y en Los Ángeles, asegurándose hasta los setenta años un puesto en los escenarios.

Pero la joven Dietrich, ya relativamente famosa en Alemania, quiso volverse famosa en Hollywood, y hacía allá viajó en los años treinta, donde se hizo, con la Paramount, la rival de Greta Garbo, la diva titular de MGM. Entonces trabajó con directores como Hitchcock y Orson Wells, haciendo a veces éxitos y a veces fracasos de taquilla, pero siempre trabajando. Actuó en más de veinte películas, la última de las cuales fue Just a Gigolo, de Devid Hemmings, cuando contaba ya con setenta y ocho años.

Durante la Segunda Guerra, ya ciudadana americana, llevada por una vieja aversión a los Nazis, se dedicó a conseguir fondos para la guerra y a viajar por los campamentos y hospitales militares americanos para endulzar el sufrimiento de los soldados. De esa época es su canción Lili Marleen, que fue parte de un proyecto americano de desmoralizar las tropas enemigas con tristes canciones de la guerra. Una vez derrotados los alemanes, continuó haciendo apariciones con intenciones políticas, como cantar en alemán tanto en Estados Unidos como en Israel, con el fin de mitigar los odios de la Guerra Fría. Eso le valió medallas de la libertad por parte de americanos y franceses, y le dio un estatus moral que su carrera artística no habría podido conseguirle.

Greta Garbo y Marlene Dietrich. kienyke

Diana McLellan sitúa en el Berlín de 1925 el romance que mantuvieron las dos divas justo antes de que Greta se convirtiera en la Garbo y Marlene en la Dietrich.

Pero también en su vida privada Dietrich lo quiso probar todo, y aunque estuvo casada gran parte de su vida y tuvo una hija, también tuvo una larga lista de amantes, hombres y mujeres, entre los cuales se cuentan figuras de la cultura y la política del momento que van desde Hemingway y Bernard Shaw hasta Kennedy, pasando por Edith Piaf, y Mercedes de Acosta, amante previa de Greta Garbo.

Cuenta su hija en su biografía que los romances duraron aún más que las películas, incluso a sus setenta años, cuando ya vivía retirada y casi encerrada en su apartamento de París, en el que habría de morir veinte años después, habiéndolo intentado todo.

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Marlene Dietrich encarnó el concepto estético de toda una época y que supo combinar con maestría la imagen de una mujer irreal -vestida con la imaginación portentosa de Banton y de una feminidad extrema- con el estilo andrógino que levantó polémica y se adelantó a su época. La ambigua sexualidad de la Dietrich fue otra de sus armas con las que llegó al estrellato. Enfundó sus famosas piernas en pantalones masculinos y consiguió llevarlos a la calle. En los años 30 ninguna mujer osaba ponerse unos pantalones en público ni mucho menos vestir con un traje de corte masculino. Pero ella sí.

Marlene añadió también dos complementos chocantes para la época: corbata y zapatos Oxford. Utilizó muy a menudo el sombrero masculino, ladeado, tapando un poco el ojo y combinó las corbatas con pajaritas y chaquetas de tweed. Y llegó más lejos aún al vestir trajes completamente masculinos, sin estilizar, del sastre alemán Knize, el preferido de los dandies de aquellos años en Europa. También Elsa Schiaparelli diseñó trajes masculinos (y diversos sombreros) para ella.

http://www.youtube.com/watch?v=MO0lUXnAs-U&feature=fvsr