Miguel Calero, el cóndor del arco

4 de diciembre del 2013

Hace tres años el arquero colombiano murió luego de sufrir un infarto cerebral. Pachuca no lo olvida.

Miguel Calero, el cóndor del arco

Cuando los integrantes de la selección Sub 23 de Colombia cantaban el himno antes de jugar un partido, la figura Miguel Calero sobresalía entre todas: la larga pantaloneta negra, el saco de visos coloridos, las medias muy templadas por encima de sus rodillas y un mullido guante marca Reusch sobre el corazón. Todo en un fornido cuerpo de 1.91 metros de altura.

Nacido en 1971 en Ginebra, municipio situado en el Valle del Cauca, Calero empezó a jugar en su niñez en la escuela Carlos Sarmiento Lora, una prolífica cuna de talentos.

En la escuela Sarmiento, a los 15 años, Calero disputaba la titularidad con Óscar Córdoba y Faryd Mondragón. Con ellos formó parte de una las mejores generaciones de arqueros de que se tenga memoria. Pocas veces, tres porteros que podrían jugar en el mejor club del mundo, surgen al mismo tiempo y en un mismo lugar. Con el pasar de los años Córdoba y Mondragón seguirían siendo sus compañeros y sus máximos rivales, ya no en la Sarmiento Lora sino en la Selección Colombia.

Miguel-Calero

En su niñez, la vida quiso que Calero se topara con Reynaldo Rueda –hoy entrenador de Ecuador–, quien a finales de los años setenta y comienzos de los ochenta era profesor del Colegio Mayor de Yumbo (Valle). Después de advertir sus grandes capacidades, Rueda consiguió que aceptaran a Calero como estudiante becado.

“Fui su chofer durante 10 meses”, diría Reynaldo Rueda en entrevista concedida a la revista del Deportivo Cali. Reynaldo lo recogía por la mañana en su casa en la mañana y lo volvía a llevar pasada la una de la tarde.

Su oportunidad de debutar en el profesionalismo llegó en 1987, cuando el Sporting de Barranquilla lo contrató. Allí sobresalía por su seguridad bajo el arco, a pesar de su juventud. También allí se ganó los apodos que lo distinguieron durante toda su vida: “el show” y “el cóndor”. Por ese entonces, Calero solía salir de su área, a la manera de Higuita, y realizaba jugadas intrépidas y arriesgadas que dejaban en vilo a la tribuna.

Durante cinco años jugó en el hoy desaparecido Sporting. Le esperaba una de las mejores etapas de su carrera: 1992. Ese año volvió al Valle del Cauca luego de ser contratado por el Deportivo Cali. Ese año también fue convocado por Hernán Darío ‘Bolillo’ Gómez a la Selección Sub 23 de Colombia.

Un artículo publicado por El Tiempo en 1992  indica que  Calero fue el mejor arquero de ese año por encima de René Higuita, Julio Gómez y Eduardo Niño.

Con la selección sub 23, Calero, en compañía de Faustino Asprilla, Harold Lozano, Iván René Valenciano, entre otros, llevó a Colombia a los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, donde la selección llegó como favorita y terminó eliminada en primera ronda.

Pero la carrera de Calero apenas despegaba. Le esperaban grandes alegrías, una de las más grandes, la estrella que ganó con el Cali en 1996 después de veintidós años de sequía. Un año antes marcó su primer gol, un disparo desde la mitad de la cancha que se coló, luego de una mala salida del portero rival, en el arco del Deportivo Pereira.

En el año 2000, luego jugar tres años en Atlético Nacional, Calero llegó al club que más lo quiso y donde es considerado acaso el máximo ídolo: el Pachuca, de México. El portero colombiano dejó un legado imborrable: jugo 23 torneos, 395 partidos y 35.303 minutos. Ganó cuatro títulos nacionales y cuatro internacionales, y anotó un gol de leyenda contra Chivas que le dio el paso a la final del torneo Clausura de 2006. Era el último minuto y después de un cobro de costado, Calero se elevó y conectó un cabezazo certero que venció al portero rival. El estadio rugió de emoción aquella tarde. Inolvidable.

Con la Selección Colombia de mayores, Miguel Calero jugo 71 partidos y se corono campeón de la Copa América de 2001, donde fue suplente de Óscar Cordoba. Su gran sueño, jugar un mundial, nunca se cumplió, pues no fue convocado en 1994 y 1998.

‘El Cóndor’ Calero colgó los guantes en septiembre de 2011 en un partido contra Los Pumas. Ese día, el periodista que narraba el juego dijo al terminar: “Señoras y señores, a nombre de Alfonso Hidalgo y de Jorge Campos, adiós Calero. Te vamos a extrañar, eres un gigante de la portería. Gracias por todo y por todas las memorias”.

Mientras tanto, Calero se quitaba su saco rojo y lanzaba su último par de guantes a la tribuna, que por varios minutos lo aclamó entre lágrimas.

El 25 de noviembre de 2011, Miguel Calero sufrió una embolia cerebral que le ocasionó un infarto cerebral. El 3 de diciembre fue declarado muerto. Dos días después, el Pachuca le rindió un homenaje, y el cuerpo de colombiano, cuyo ataúd tenía el escudo del Pachuca, fue llevado a la cancha del estadio Hidalgo. La gente volvió a corear su nombre, le cantó al cóndor colombiano que durante once años hizo ver grande al Pachuca.

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