Miguel de Unamuno

1 de enero del 2011

Unamuno fue uno de los escritores españoles de la llamada generación del 98, reunión de maestros como no había habido en España desde el Siglo de Oro de Cervantes, Quevedo y Góngora. Junto con Unamuno figuraban don Antonio Machado, poeta de poetas, Pío Baroja, precursor de la novela española moderna, Ramón del Valle Inclán, dramaturgo […]

Miguel de Unamuno

Unamuno fue uno de los escritores españoles de la llamada generación del 98, reunión de maestros como no había habido en España desde el Siglo de Oro de Cervantes, Quevedo y Góngora. Junto con Unamuno figuraban don Antonio Machado, poeta de poetas, Pío Baroja, precursor de la novela española moderna, Ramón del Valle Inclán, dramaturgo sin igual y Azorín, insuperable conocedor de la lengua.

Las obras de estos sabios fueron las que inspiraron a Unamuno a intentar todos los géneros, pero también fueron las que opacaron en más de una ocasión, su talento. Unamuno ensayó la poesía, pero le fue difícil superar las obras maestras de Machado y Ramón Jiménez, otro astro de esa generación. La poesía de Unamuno se limita a modestas cancioncillas españolas y muchas veces costumbristas, con recursos casi siempre tradicionales. Así mismo ensayó el teatro, en el que logró obras de gran suceso como El otro, y como sus actualizaciones de Eurípides, Fedra y Medea. Sin embargo, tampoco con el teatro logró, ni intentó, para ser justos, igualar el genio de Valle Inclán, un personaje además tan magnético y atractivo que acaparaba toda la atención del público y de la crítica.

Se cuenta, por ejemplo, que Valle Inclán solía decir: “Los españoles somos de dos tipos: Ramón del Valle Inclán y todos los demás”. Unamuno, en cambio, no tenía esa simpatía, y fue más famosa su neurastenia que muchas de sus obras. Y no es descabellado suponer que su mal genio se debía en gran parte al sentimiento de no ser apreciado por sus congéneres, en un momento en que todos los escritores eran admirables y en que reinaba Primo de Rivera, con el que Unamuno jamás se entendió, y a causa del cual estuvo varios años exilado en Francia. Y fue en Francia justamente donde Unamuno intentó el género en el que habría de superar a sus maestros inmediatos, que fue el de la novela.

En 1914, Unamuno terminó y publicó Niebla, que es aún hoy la novela española del siglo XX por excelencia. Según el autor, el libro no es una novela sino una nivola, término de su invención con el que pretendía fundar una nueva forma del novelar. Porque Niebla cumple muy pocos de los estrictos requisitos literarios de la época, y en cambio inaugura una variedad de juegos meta-textuales, en que los personajes visitan al autor para protestar sobre el desarrollo de sus vidas, que los escritores de hoy no han podido superar, y que además muchos de ellos creen haber inventado.

Pero ni siquiera el éxito de Niebla sacó a Unamuno de su mal genio, y así es que hoy se le recuerda como uno de los escritores más neuras y más geniales del temprano siglo XX.

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