Mongo Santamaría

1 de febrero del 2011

De la gran migración de músicos caribeños a los Estados Unidos en los años cuarenta y cincuenta, Mongo Santamaría es sin duda el percusionista más prolífico y creativo. Cubano de nacimiento, Mongo empezó su carrera musical como sonero, tocando en la orquesta de un tío, de donde salió su amor incondicional por la música negra […]

Mongo Santamaría

De la gran migración de músicos caribeños a los Estados Unidos en los años cuarenta y cincuenta, Mongo Santamaría es sin duda el percusionista más prolífico y creativo. Cubano de nacimiento, Mongo empezó su carrera musical como sonero, tocando en la orquesta de un tío, de donde salió su amor incondicional por la música negra de cuba.

Pero la situación es Cuba era muy hostil para los músicos que querían hacer algo más que entretener a los turistas gringos, y Mongo empezó a preparar su viaje a Estados Unidos, donde la música caribeña estaba tomando mucha fuerza. Ya su compatriota Chano Pozo, otro de los grandes percusionistas cubanos, había llegado a Nueva York, había triunfado con la banda de Dizzie Gillespie, y había muerto abaleado en un bar por un jíbaro al que le debía dinero, de manera que el plan era viable. Inicialmente las visas fueron un problema, pero en 1950 llegó Mongo finalmente a Nueva York.

Allí empezó rápidamente una carrera no desprovista de obstáculos pero tampoco de éxitos, en que  conoció a los músicos más importantes del jazz, que se interesaron por sus exóticos usos de las congas y sus conocimientos de ritmos cubanos. Pero paralelo al desarrollo del latin jazz, que es como se le terminó llamando a este género mixto, también crecía en Nueva York la escena de la salsa, que Mongo Santamaría siempre consideró una mala imitación de la música del Caribe. En las orquestas de salsa tocaba Tito Puente, otro percusionista caribeño que pronto adquirió una fama enorme, para el resentimiento no de Mongo, que era un tipo sencillo, pero sí de sus seguidores.

Poco después, además, la banda de Mongo sufrió un accidente de tránsito en que el percusionista quedó bastante averiado, y de cuya pierna rota un médico estuvo a punto de deshacerse, pues  así solía hacerse con las piernas de los negros. Los músicos de la banda intervinieron a su favor y Mongo salió caminando, aunque con dificultades que lo acompañaron hasta la muerte. Pero eso no le impidió seguir grabando unos de los temas más famosos del latin jazz, como su versión de Watermelon man, de Herbie Hancock, Come candela y Afro Blue. A la vez, además, Mongo viajaba constantemente a La Habana para grabar temas folklóricos que han sido de gran importancia para la historia de la música cubana.

En esta doble empresa Mongo logró sentirse finalmente a gusto, pues le permitía desarrollar sus propias ideas musicales de jazz manteniéndose fiel a su tradición de sonero. Y así en efecto repartió su tiempo hasta que las complicaciones cardíacas y las sucesivas operaciones de la cadera a raíz del accidente lo mataron, pero para entonces él ya era un viejo que había logrado sobrepasar incluso sus propias expectativas.

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