Moses Malone, el deportista perfecto que habló poco y jugó mucho

Moses Malone, el deportista perfecto que habló poco y jugó mucho

14 de Septiembre del 2015

El mundo del baloncesto de la NBA se despertó este domingo con la triste noticia de la muerte, a los 60 años, del expívot de los Rockets de Houston y Sixers de Filadelfia, Moses Malone, uno de los grandes de todos los tiempos dentro y fuera del campo.

La muerte le sorprendió en la soledad de la habitación de un hotel en Norfolk, Virginia, su estado natal, donde había nacido en la localidad de Petersburg, pero su legado le convirtió en uno de los inmortales junto a leyendas como Kareem Abdul-Jabbar, Wilt Chamberlain y Elvin Hayes, al que tuvo de compañero en Houston.

Malone, ganador de tres premios de Jugador Más Valioso (MVP), lo consiguió todo como profesional, incluido un anillo de campeón de la NBA con los Sixers, cuando el equipo de Filadelfia estaba en la élite (1982-1983) y competía con los dinastías de los Celtics de Boston, tenían a Larry Bird, y los Lakers de Los Ángeles, a Magic Johnson y Abdul-Jabbar.

Su llegada a los Sixers después de intentar conseguir el título, sin éxito, con los Rockets hasta la temporada de 1981-82, fue clave para que otro legendario, Julius Irving, viese realizado el sueño de tener un anillo de campeón, además de hacer una pareja inolvidable.

Malone se convirtió en el primer jugador en la historia de la NBA que pasó directamente del colegio al profesionalismo, sin hacer la universidad, cuando los Utah Stars de la ya desaparecida American Basketball Association (ABA) lo firmaron en 1974.

Luego jugaría con los Spirits de San Luis antes de llegar a los Bravos de Buffalo después que la ABA y la NBA se unieron, en 1976, y esa misma temporada fue traspasado a los Rockets para comenzar su magistral trayectoria que le permitió después de más de 20 temporadas entrar a formar parte del Salón de la Fama.

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Su legado no dejó dudas, el pívot silencioso, que imponía con su físico, que apenas hablaba incluso con los compañeros, era una máquina de anotar puntos y capturar rebotes por eso al concluir su brillante carrera estaba en el tercer lugar de la lista de todos los tiempos en ambas facetas del juego.

Su marca de 27.409 puntos y 16.212 rebotes sólo fue superada por Abdul-Jabbar con 38.387 y 17.440, respectivamente, y Chamberlain que llegó a los 31.419 tantos y capturó 23.924 balones bajo los aros.

El hombre que nunca se enfadaba en el campo, que siempre tenía una sonrisa burlona, un sentido del humor único, que caminaba lento, imponía su poder dentro de la pintura.

Pero lo hacía sin estridencias, con respeto permanente al rival, porque su filosofía era salir al campo a competir, a hacer grande al deporte del baloncesto, y el verdadero valor de su juego era dar siempre, en cada partido, un auténtico espectáculo deportivo.

Después de algo más de 20 temporadas como profesional, que repartió con ocho equipos diferentes, Malone logró promedios de 20,6 puntos y 12,2 rebotes cuando en 1994-95 puso punto final a su carrera como jugador de los Spurs de San Antonio.

Molone había sido durante seis veces el líder de rebotes de la liga, incluidas cinco temporadas consecutivas (1980-85), los 16.212 que logró como profesional lo dejaron en el quinto lugar de la lista de todos los tiempos, además de ser el líder en los ofensivos y octavo en la de máximos encestadores con 27.409 puntos.

Su muerte ha conmocionado al baloncesto como lo han reflejado todos los mensajes expresados por el comisionado de la NBA, Adam Silver, que calificó a Malone como un gigante de la ética, el trabajo y la generosidad.

Su compañero de equipo con los Rockets y amigo, el exbase John Lucas, lo definió como una de las mejores personas que había conocido.

Moses fue un verdadero profesional dentro y fuera del campo, que siempre estaba para ayudar al que tenía menos que él y su generosidad invadía su corazón”, declaró Lucas al conocer la muerte de Malone, al que los Rockets le habían retirado el número 24, que vistió con ellos.

Malone, que también fue introducido al Salón de la Fama en la Clase del 2001, irónicamente había participado este fin de semana en la ceremonia de la del 2015, en Springfield (Massachusetts), con otro expívot, amigo y discípulo, Dikembe Mutombo, de protagonista, convertido también en leyenda. EFE