El escritor que le quitó la nariz a un general

El escritor que le quitó la nariz a un general

2 de abril del 2014

Gogol nació en el pueblo de Sorochyntsi, en la Ucrania actual pero entonces parte del Imperio ruso. Su padre era descendiente de cosacos, poeta y dramaturgo, y en su casa solía montar pequeñas obras de teatro, en ucraniano y no en ruso, para los amigos. La vocación literaria de Gogol no habría de manifestarse sino hasta mucho más tarde, después de haber intentado infructuosamente ser poeta lírico, profesor de historia medieval en la universidad y actor, y sin embargo jamás olvidó ese orgullo cosaco de su padre. Ese orgullo nunca llegó al extremo de ser nacionalismo, y tanto Gogol como su padre siempre defendieron el Imperio ruso y al Zar Nicolás, por lo menos en cuanto a la validez de su papel como padre del estado.

Sin embargo, la obra de Gogol abunda en críticas implacables hacia el zarismo, críticas que le habrían valido un doloroso exilio de no haberse exiliado preventivamente él mismo durante un tiempo. Sus primeras obras están escritas en ucraniano, y cuando empezó a escribir en ruso al ver que de otro modo no obtendría ningún tipo de reconocimiento literario, no dejó sin embargo de escribir sobre Ucrania, sobre las diferencias, a veces minúsculas pero siempre importantes, que había entre los rusos y sus dominados vecinos. Esta posición alejada de los extremos le significó a Gogol las opiniones más contrarias y confusas sobre su obra, opiniones que aunque de alguna manera tergiversaron el sentido de sus obras, lo salvaron sin duda de ser catalogado como un escritor de la oposición. Sus contemporáneos ucranianos veían en él un símbolo y una eficaz herramienta de la lucha por sus derechos como pueblo, mientras que el Zar Nicolás hallaba sus sátiras hacia la monarquía de lo más entretenidas. Cuando la censura rusa prohibía una de sus obras, los nacionalistas ucranianos festejaban; cuando el Zar las celebraba, festejaban los nacionalistas rusos, que veían en su obra la más alta expresión del arte zarista.

Después de la Revolución del 17, cuando Gogol ya llevaba varias décadas muerto, los comunistas entendieron que más les valía usar su fama a su favor, y entonces decidieron aclamarlo como un prócer de la lucha contra el zarismo, motivada no por su nacionalismo ucraniano, pues al fin y al cabo la Unión Soviética también tenía sometida a Ucrania, sino por un comunismo en estado  embrionario del todo inverosímil. Y así es como Gogol, terminó siendo el padre del realismo ruso, pues esa y no otra era la corriente apoyada por el socialismo, Gogol, que había escrito el cuento La Nariz, en que la nariz de un general ruso se escapa de la cara del general y se va a hacer su propia vida, padre del realismo literario.

Pero desde otro punto de vista, ese destino fue un poco menos absurdo de lo que parece, pues aunque nunca defendió el nacionalismo ucraniano, sí tuvo siempre por objetivo infiltrar la cultura ucraniana dentro de las letras rusas, y qué mejor manera de hacerlo que logrando convertir sus obras, caballos de Troya de cultura ucraniana, en clásicos de la literatura rusa. Esa magistral maniobra que tantos críticos no han sabido ver, sí la vieron, en cambio, los punkeros gitanos de Gogol Bordello, una banda de ucranianos radicados en Nueva York que pretende, y de ahí su nombre, hacer en el nuevo imperio lo que Gogol hizo en el viejo.

Leer a Gogol, por consiguiente, puede ser un ejercicio a la vez histórico y literario, y es esa lectura doble la que sin duda mantiene su fama actual, y la que vale la pena hacer al leer sus cuentos y sus novelas, buscando siempre esos rasgos de lo ucraniano escondidos bajo las mesas, tras los cuadros y entre los floreros de las casas y las salas y los comedores más rusos de la literatura universal, apreciando, de este modo, uno de los ejemplos más osados del más fino arte del espionaje literario.

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