“Tengo miedo de que el agua llegue y me ahogue”

16 de noviembre del 2018

Dijo Omayra Sánchez, hace 33 años en la tragedia de Armero.

Omayra Sánchez

wikipedia

Tras la erupción del volcán Nevado del Ruiz, que sepultó a la pujante ciudad de Armero bajo 35 millones de toneladas de lodo, agua y escombros, una niña de 13 años, llamada Omayra Sánchez, se convirtió en el símbolo de la tragedia y la resistencia tras sobrevivir cerca de dos días sumergida hasta los hombros en un agujero inundado, esperando el rescate.

Su rostro recorrió el mundo con la noticia de la tragedia que produjo más de 25.000 muertos y desaparecidos en esta ciudad del departamento de Tolima. Su rescate los intentaron los organismos de atención varias veces, pensando como sacarla de allí, pero la cantidad de agua y lodo y una columna que apretaba sus piernas hicieron imposible el rescate.

“Estoy preocupada, hoy era el examen de matemáticas”, dijo la Omayra mientras cientos de rescastistas trataban de salvar vidas en una de las peores tragedias naturales que ha vivido el país. “Toco con los pies en el fondo la cabeza de mi tía”, dijo luego, con una tranquilidad que impresionó a los comunicadores que reportaban desde el lodo.

La lucidez del destino inminente y la inocencia de su edad se combinaban en un relato estremecedor. “Tengo miedo de que el agua llegue y me ahogue porque yo no sé nadar”, decía, pero luego pedía que ayudaran a su mamá porque “se va a quedar solita”.

Los intentos eran se volvían cada vez más fantásticos y no se lograba sacar a la menor, que empezaba a mostrar hinchazón en el rostro y unos ojos negros penetrantes. “Te prometemos Omayra que te vamos a sacar de aquí”, dijo de pronto un rescatista. A lo que la niña contestó, “váyanse a descansar y vuelvan después para sacarme”.

Contemplaron amputarle las piernas atrapadas en los muros de su propia casa, pero la escasez de implementos quirúrgicos impedirían que sobreviviera. Las máquinas necesarias no llegarían a tiempo y Omayra ya agonizaba.

El 16 de noviembre, tres días después de la erupción del “volcán dormido” como le llamaban los habitantes, cerca de la una de la madrugada, Omayra Sánchez dijo a los periodistas: “Ya el Señor me está esperando”, levantó el rostro y trató de sonreír, para luego cerrar los ojos y dejarse sumergir en el fango que la mantuvo atrapada en su agonía.

Omayra Sánchez se convirtió en el rostro de esa tragedia de la que se conmemoran 33 años en 2018, el rostro de la inminencia de la naturaleza y de la falta de mecanismos para evitar desastres en Colombia.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO