“Por la boca muere el pez y Oscar Wilde”

“Por la boca muere el pez y Oscar Wilde”

10 de agosto del 2013

Oscar Wilde fue un escritor escandaloso para su época. Fue condenado a dos años de trabajos forzados tras un famoso juicio en el que fue acusado de “indecencia grave” por una comisión inquisitoria de actos homosexuales. Durante su estancia en la prisión escribió De profundis, una carta llena de resentimiento dirigida a su amante Alfred Douglas hijo del marqués Queensberry y la aclamada Balada de la cárcel de Reading.

La sentencia supuso la pérdida de todo aquello que había conseguido durante sus años de gloria y el cambio de apellido a sus dos hijos por parte de su esposa. Luego de cumplir la condena, abandonó el Reino Unido en dirección a París, donde permaneció hasta su muerte. Sus últimos años de vida se caracterizaron por la fragilidad económica, sus quebrantos de salud, los problemas derivados de su afición a la bebida y un acercamiento de última hora al catolicismo.

Estudió en la Universidad de Oxford, donde escribió el poema Ravenna, y ganó el premio de literatura Newdigate en 1878. Fue aquí donde se convirtió en un bohemio y se vio influenciado por los escritores Walter Pater y John Ruskin. Su éxito se basó en el ingenio punzante y epigramático que derrochaba en sus obras, dedicadas casi siempre a fustigar las hipocresías de sus contemporáneos.

Fue uno de los principales representantes en Gran Bretaña del movimiento estético, reconocido como: el arte por el arte. Viajó a los Estados Unidos a ofrecer durante casi un año conferencias sobre el refinamiento y elegancia, tal vez por esto se preocupó por llevar el pelo largo y pantalones de terciopelo.

El ingenioso irlandés escribió algunas obras dedicadas a sus dos hijos, Cyril y Vyvyan, como El príncipe feliz y La casa de las granadas. Sus primeros textos fueron la obra teatral Vera o los nihilistas, y la novela El retrato de Dorian Gray. Dentro de sus producciones de reconocen las comedias El abanico de lady Windermere, Una mujer sin importancia, Un marido ideal y La importancia de llamarse Ernesto. Fue considerado como uno de los más grandes dramaturgos de la era victoriana.

Se han escrito nueve biografías luego de la muerte de Wilde, el 30 de noviembre de 1900, una de ellas por su nieto, Merlin Holland, en 1997. La causa de su muerte fue una meningitis, a los cuarenta y siete años.

Oscar Wilde Sepia, Kienyke

Algunas de sus frases más célebres

-Que hablen mal de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen.

-Cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo; simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadísima.

-Sólo podemos dar una opinión imparcial sobre las cosas que no nos interesan, sin duda por eso mismo las opiniones imparciales carecen de valor.

-Es absurdo dividir a la gente en buena y mala. La gente es tan sólo encantadora o aburrida.

-Las preguntas no son indiscretas, mas a veces sí lo son las respuestas.

-Para la mayoría de nosotros, la vida verdadera es la vida que no llevamos.

-Cuando se está enamorado empieza uno por desilusionarse a sí mismo, y acaba por desilusionar a la otra parte interesada.

-No hay libros morales ni inmorales. Los libros están bien escritos o no lo están.

-Pesimista es aquel que cuando puede escoger entre dos males, elige ambos.

-Experiencia es el nombre que damos a nuestras equivocaciones.

-La única diferencia entre los santos y los pecadores es que los santos tuvieron su pasado, y los pecadores tienen su futuro.

***

Wilde compuso dos retratos que mostraban a un esteta decadente. Uno era el de Dorian Gray y el otro el suyo propio, magistralmente dibujado en su confesión del De Profundis. Algunas de las fuentes más frecuentemente mencionadas como antecedentes de El retrato de Dorian Gray son, por ejemplo, La peau de chagrin de Honoré de Balzac, Doctor Jekyll and Mister Hyde de Robert Stevenson, E’vian Grey de Benjamin Disraeli, Mademoiselle de Maupin de Theophile Gautier, A Rebours, de Joris-Karl Huysmans, Fausto de Goethe y Dr. Faustus de Marlowe.

Lea también

El poeta que hacía orgías en la Casa de Dios