P.D. Ouspensky

P.D. Ouspensky

4 de marzo del 2011

De todos los alumnos del filósofo armenio George Gurdjieff, guía espiritual de decenas de artistas, políticos y militares europeos de la primera mitad del siglo XX, fue sin duda el ruso P. D. Ouspensky, que no sólo fue el que mejor entendió el camino de la Cuarta Vía y logró exponerlo de la manera más clara y convincente (Gurdjieff no escribía, sólo permitía que tomaran apuntes de sus charlas), sino que superó a su maestro, y al final de su carrera dejó el camino de Gurdjieff para seguir el propio. De ese tiempo es su libro Tertium Organum en el que, adoptando algunos de los preceptos centrales de su maestro, como la recordación de sí mismo, se aleja de los otros y entabla una línea directa entre Aristóteles, autor del Organum, Francis Bacon, autor del Novum Organum y él mismo, autor del Tertium Organum, síntesis dialéctica de más de dos mil años de filosofía.

La Cuarta Vía de Gurdjieff consistía en adoptar lo más valioso de las tres corrientes místicas principales del mundo: la del monje católico, cuya renuncia es una renuncia espiritual, de las pasiones, del amor, de la vida en sociedad y del habla, motivada por la culpa del pecado original, la del faquir, cuya renuncia es física, negándose el alimento y torturando su propio cuerpo, y la del yogui, cuya renuncia de las capacidades mentales, y su unión mística es una unión con el todo, libre de clasificaciones, palabras y categorías. La Cuarta Vía era una vía media, en que ningún extremo se alcanza, pero en que se practican todas las posibilidades exploradas por los místicos de la historia. Ouspensky consideraba que esa vía de “collage” tenía varios problemas, entre los cuales el más obvio era el estudio excesivo que requería, en el que se perdía tiempo aprendiendo historia en vez de usarlo para concentrarse en un solo tipo de meditación. En su modelo, la meditación puede ser de cualquier doctrina con tal de que cumpla ciertos requisitos, como la ya mencionada recordación de sí mismo, que es un trabajo a la vez mental, corporal y sentimental.

Ouspensky, en ese sentido, era un pensador más moderno que su maestro, y buscaba un camino más alcanzable para la gente media, que no pudiera dedicar la vida entera al ejercicio de la mística. No proponía una salida más fácil, pero sí más centrada en las necesidades de una persona que participa de la sociedad, que no renuncia a los demás para dedicar toda su atención a sí mismo. De esta diferencia de raíz surge el hecho de que Ouspensky escribiera una novela, que a mi juicio, es el único de sus libros que va a perdurar cuando sus enormes y difíciles mamotretos terminen de ser olvidados. La literatura tiene algo así como un contrato de exclusividad con la gente que los tomos de filosofía no tienen, y por eso llega a los lectores independientemente de las modas del momento, llega sin pedir cita.

La novela se llama La extraña vida de Iván Osokin, y está escrita en círculos. El protagonista, un poeta inseguro y pobre de Moscú, toma la decisión de irse a vivir con la mujer que ama, y descubre poco a poco que la larga mala racha que le siguió a ese momento es su consecuencia. Entonces visita a un mago para que lo devuelva al pasado y le permita volver a ese momento y tomar la decisión correcta. El mago le advierte que un simple truco de magia no le va a permitir cambiar de camino, porque cambiar de camino requiere cambiar por dentro, y mientas él no haya efectuado ese cambio, que es arduo y lento, tomará la misma mala decisión sin importar cuántas posibilidades se le brinden. Pero Iván Osokin se arriesga, y regresa a sus años de colegio. La novela empieza a repetirse, con párrafos enteros exactamente iguales a los anteriores. Al final, Iván está de nuevo en la estación frente al tren que ha de partir llevándose por siempre a la mujer que ama. Se abrazan, se besan, lloran. El tren se va. Osokin queda solo en la estación.

Más que todos los otros libros que Ouspensky escribió con tanto trabajo, esta escena final, el efecto que deja esta escena final en el lector, después de haber leído una historia dos veces seguidas, contiene la totalidad de sus enseñanzas, si se mira bien, con sus advertencias, recomendaciones y hondas observaciones de cómo funciona la vida.