Leonora Carrington, el amor y la locura la llevaron a México

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Leonora Carrington, el amor y la locura la llevaron a México

6 de abril del 2019

Leonora Carrington huyó y enloqueció por amor. Todos sus caminos la llevaron a México, donde se convirtió finalmente en una de las artistas surrealistas más prolíficas y recocidas del mundo. La última sobreviviente del surrealismo de los años 30 hasta el día de su muerte.

Nació el 6 de abril de 1917 en Lancashire, Inglaterra. Su madre y su abuela se encargaron desde pequeña de contarle las leyendas de la mitología Celta y eso influyó notablemente en su concepción del mundo. Fue expulsada de varios conventos en su educación básica, hasta que finalmente fue ingresada a un internado en Florencia, donde empezó a pintar.

Sin embargo, su padre, un empresario textil, se  opuso fervientemente a que Leonora Carrington se dedicara a las artes. Él quería que su hija, quien ya había sido invitada a bailar en la Corte de Jorge IV y el exclusivo hotel Ritz de Londres, lograra casarse con un hombre adinerado de las familias importantes de Inglaterra y así escalar con la familia entre las clases sociales.

Pero Leonora hizo caso omiso a esas tradiciones impositivas, ingresó a la Academia de Arte Ozenfant y se enamoró de un pintor surrealista conocido, llamado Max Ernst. Con él, casi 20 años mayor que ella, huyó a París donde terminó de empaparse de arte junto a los más reconocidos pintores de la época.

En compañía de Ernst, Leonora Carrington conoció a Joan Miró, André Breton, Pablo Picasso, Salvador Dalí, Lee Miller y Luis Buñuel. A raíz de esa libertad participó junto a su novio en la exposición de Surrealismo Internacional, realizada en la capital francesa y huyó al sur del país para sellar su amor con Ernst.

Se refugiaron en una casa que custodiaron con animales fantásticos, representaciones de ellos mismos, para evitar las intromisiones de otras personas a su relación. Pero esa protección onírica no fue suficiente para el régimen Nazi que terminó arrestando a Ernst al inicio de la Segunda Guerra Mundial.

La separación de su amor la empujó al abismo de una profunda depresión que obligó a sus padres y amigos a internarla en un hospital psiquiátrico, en Madrid, a donde habían huido buscando un refugio lejos de los fascistas que empezaban a dominar Europa.

Antes de que Leonora Carrington fuera enviada finalmente a un manicomio en Sudáfrica, escapó de nuevo y llegó a Nueva York, acompañada del diplomático mexicano Renato Ludac, con quien se casó para poder salir de Europa y establecerse en el país centroamericano.

Aunque estuvieron más de un año casados, durante su estadía en La Gran Manzana, se divorciaron a la llegada a México amigablemente en 1941. Allí Leonora conoció a otros artistas, tanto nacionales, como migrantes de Europa, que habían llegado en su misma condición.

Escribió el libro Abajo, en el que retrató su estancia en los manicomios, e inició una obra prolífica de surrealismo. Como no podía faltar, conoció a Diego Rivera y Frida Kahlo, los dos artistas más influyentes de México, así como a los escritores Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis y Octavio Paz. Así como al fotógrafo húngaro Emerico Weisz, con quien se casó.

Entre sus obras más reconocidas se encuentran Autorretrato 1937, La Giganta, Bird Bath, Memorias de Abajo, Lepidóptera y El mundo mágico de los Mayas, este último que le fue solicitado por el Museo Nacional de Antropología y que la hizo reconocida tanto en México como en Estados Unidos, reafirmando de nuevo su interés por mezclar la vida cotidiana con el mundo mágico de la superstición y los mitos. Se dedicó sobre el final de su vida únicamente a la escultura hasta que murió a los 94 años de edad, el 25 de mayo de 2011.