Alan García respiraba y vivía política

17 de abril del 2019

Estados Unidos lo describió como egocéntrico y depresivo.

Alan García

Alan García, presidente de Perú en dos ocasiones, bajó la mitad de las escaleras de su casa y desde allí escuchó a un fiscal que había ingresado momentos antes para detenerlo. El exmandatario, al escuchar que pretendían apresarlo, les dijo que iba a llamar a su abogado, subió al segundo piso de la casa y se encerró en el cuarto.

Detrás de él se fueron algunos agentes que acompañaban la diligencia, quienes, tan pronto llegaron al segundo piso de la vivienda, escucharon un disparo. De inmediato ingresaron a la habitación por una ventana exterior y encontraron al exmandatario sentado en su cama, emanando sangre de su cuello. Se había disparado con una de las tres pistolas que conservaba en su apartamento.

“Inmediatamente, sin perder tiempo, la policía procedió a trasladarlo al Hospital Casimiro Ulloa. Se suspendió la diligencia y posteriormente ingresó por emergencia”, señaló el ministro del Interior de Perú, Carlos Morán.

Horas después, con una decena de médicos tratando de salvarle la vida, Alan García falleció. El hecho generó un gran impacto en el mundo, porque había preferido quitarse la vida a los 69 años de edad, antes de correr el riesgo de ser encerrado en prisión por presuntos sobornos de la multinacional Odebrecht que recibió durante su campaña a la presidencia de 2006.

Nació sintiendo la política

Alan García ha sido descrito, tanto por medios ahora después de su muerte, como por compañeros políticos, como un hombre que sentía su profesión incluso desde pequeño.

Nació el 23 de mayo de 1949 en Lima, Perú. No conoció a su padre Carlos García Ronceros, hasta que cumplió los cinco años de edad, porque este había sido preso por pertenecer al partido APRA, un partido de izquierda con una amplia maquinaria política. Esa aprehensión de su padre marcó la vida posterior de Alan.

Su nombre completo era Alan Ludwig García Pérez, en honor al músico alemán. Estudió Letras y Derecho en la Pontificia Universidad Católica de Perú y la Universidad Mayor San Marcos, luego llegó a Europa donde cursó estudios en sociología.

Al regresar al país, empezó de lleno su militancia política, con el partido aprista, que le permitió rápidamente ocupar los primeros cargos públicos de su vida. Fue diputado constituyente desde 1978 a 1979, diputado durante los años 1980 a 85, y senador vitalicio en los dos primeros años de los 90.

Con una característica personalidad avasalladora y un carisma público de gran aceptación popular, Alan García se convirtió en presidente de la República del Perú en 1985 con el 52% del total de los votos. Siendo así el presidente más joven en 150 años de historia del país.

Sin embargo, ese primer mandato resultó un fracaso para el país. Aparte de que el grupo Sendero Luminoso incrementó su poder, al igual que las muertes de niños. Además, informes de su gestión señalaban que dejó al país con 32,8% de inflación, incrementó la deuda externa del país y disminuyó las reservas económicas del país.

Al entregar el Gobierno a su sucesor Alberto Fujimori, salió el país tan pronto como pudo, asilado en Colombia donde participó como analista político para medios de comunicación y luego terminó en Francia, pensando que el presidente había ordenado ejecutarlo por medio de agentes especiales.

Un informe citado por el diario El País y el portal WikiLeaks, escrito por el embajador de Estados Unidos en Perú, J. Curtis Struble, señala que la detención de su papá le generó un sentimiento de persecución constante que mantuvo a lo largo de su vida, con ataques de pánico.

Durante sus tiempos de exilio voluntario fue investigado por un caso de corrupción y asesinatos extrajudiciales, delitos que la Corte Suprema terminó declarando prescritos.

Volvió al país a mediados del año 2000 para retornar su carrera política, se lanzó a las elecciones de 2001, pero perdió frente a Alejandro Toledo. Luego, en 2006, volvió a ganar las elecciones frente a su contraparte Ollanta Humala. Terminó esa administración con una aprobación de apenas el 9%.

Para ese mandato, el informe del embajador de Estados Unidos en Perú, lo describió como un hombre con gran capacidad oratoria, pero con un ‘ego colosal’. Lo describe además como “un maestro político” que “vive y respira política”. Sin embargo, el informe lo señala como una persona con posibles “trastornos maníacos depresivos o desórdenes bipolares”, que se encierra varios días sin aceptar el contacto humano.

Su último salto a la escena pública fue el año pasado cuando el ex representante de Odebrecht en Perú confesó que la empresa le había entregado 200 mil dólares a su campaña. Salpicado, como otros cuatro exmandatarios de ese país, se le prohibió abandonar el territorio nacional mientras continuaba la investigación. Un pesquisa en su contra que terminó este 17 de abril cuando decidió arrancarse la vida a balazos antes de ser obligado a comparecer ante la justicia.

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