Antonio José de Sucre, el Gran Mariscal traicionado

3 de febrero del 2018

Su papel en la lucha por la Independencia fue fundamental.

Antonio José de Sucre, el Gran Mariscal traicionado

El Gran Marsical de Ayacucho, Antonio José de Sucre, fue el militar y diplomático más aguerrido en el periodo de lucha por la independencia de Colombia. Gracias a su destreza guerrera se le permitió llevar el estandarte de la independencia de varias naciones Latinoamericanas. Pero esa capacidad con el fusil y los batallones no impidieron que fuera asesinado el 4 de junio de 1830.

Antonio José de Sucre nació en el actual territorio venezolano, el 3 de febrero de 1775, y perteneció a una familia acaudalada de la época. Empezó sus estudios militares muy joven, dada la muerte de su madre, y llegó a graduarse como cadete de la escuela Húsares Nobles de Fernando VII, en Cumaná. También se entrenó en Barcelona, España durante 1812.

Bajo el mando del General Santiago Mariño, Sucre combatió la liberación del oriente venezolano frente al general español Pablo Morillo. El asecho fue tal que tuvieron que replegarse y escapar a Cartagena. En esa batalla Sucre perdió a más de 15 familiares. En 1817, después de adquirir conocimientos estadistas, Sucre desobedeció el mando de Mariño y se unió a la campaña del libertador Simón Bolívar.

Se convirtió en la mano derecha del libertador y ascendió a general después de haber dirigido las campañas para la liberación de Venezuela. Bolívar ya confiaba en él y después de la liberación de la Nueva Granada, le solicitó a Sucre que redactara el armisticio de los españoles. Sucre era fuerte para la guerra y noble para la paz.

Bolívar definió el documento redactado por Sucre como “el más bello monumento de la piedad aplicada a la guerra“. Ese tratado inspiró el trato que se le daría a los prisioneros en la guerra.

Las grandes batallas de Sucre

El general fue designado por Simón Bolívar para anexar el territorio del actual Ecuador a la República de Colombia. En 1821 logró el acuerdo y fue designado para emancipar completamente a las tropas realistas que continuaban en el territorio. Así se enfrentó en ese mismo año al español Francisco González. Salió victorioso y aseguró la independencia de la Provincia de Guayaquil.

Así de 1823 a 1824, Sucre recorrió el territorio de la actual Bolivia, corriendo a los españoles que aún se asentaban en esa zona de la república. El 9 de diciembre de 1924 llegó a Ayacucho y sin más remedio venció al Virrey José de la Serna. Esa acción le mereció el título de Gran Mariscal. Esa batalla significó la salida del último virreinato del territorio de la República de Colombia y consolidó la independencia.

Otro de sus grandes triunfos militares fue la batalla de Pichincha que aseguró la independencia de Quito. La batalla tuvo lugar en las estrechas laderas del volcán que lleva el mismo nombre de la batalla. Enviando tropas de a poquitos, Sucre logró vencer los resquicios reales del actual Ecuador. Esa batalla no lo solo le significó una victoria sino el amor de su vida.

Sucre ordenó liberar los patriotas de las cárceles y de allí salió el Marqués de Solanda. En agradecimiento el marqués lo invitó a una fiesta de celebración donde conoció a Mariana Carcelén, marquesa de Solanda. Después de coqueteos y cartas apasionadas de Sucre a la marquesa, se casaron. Sucre renunció a volver a Quito y se quedó en la ciudad de su amada.

El asesinato de Sucre

Ya retirado de sus luchas y un poco distanciado del régimen de Bolívar. Sucre se dirigió desde el centro colombiano a Ecuador. Tenía algunas molestias con el general Obando por nombramientos políticos, pero no pensó que eso afectara su camino. Pasó por Popayán en su viaje pero se vio obligado a parar en el Salto de Mayo, territorio comandado por Obando. Durmió en una casa de malechores y en la madrugada partió hacia su destino.

Antes de emprender el viaje se despidió del coronel Eraso, un hombre que el historiador Joaquín Posada Gutiérrez, “describió como sombrío y siniestro, de sable teñido y pistolas cargadas”. Sucre no tenía mucha confianza en Eraso pero le agradeció su compañía de manera cordial para no dejar asperezas.

Lo curioso fue que aunque lo había dejado atrás, en su casa, y Sucre iba a paso de caballo, se encontraron más adelante en la montaña de Barruecos. A Sucre le pareció que eso no se debía a una casualidad y decidió detenerse y pasar la noche en un caserío cercano.

A la mañana del día siguiente Eraso ya no se veía cerca, entonces Sucre continuó su camino. Llegando a una subida empinada y angosta, unos hombres armados salieron de los matorrales y le dispararon al Gran Mariscal de Ayacucho que apenas alcanzó a decir “¡Ay!… balazo”, según cuentan los historiadores.

Nunca se pudo comprobar que Obando o Eraso estuvieran involucrados en el asesinato de Antonio José de Sucre. Ni muerto, Sucre se distanció de las batallas. Joaquín Posada Gutiérrez dice que la guerra civil de 1840 “estuvo en buena parte estimulada por los intentos de Obando de escapar a un juicio” sobre el asesinato del prócer.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO