James Dean, una vida a la carrera

James Dean, una vida a la carrera

8 de febrero del 2018

Sesenta años de un estilo que nació con James Dean. Desde que ese adolescente atormentado e indomable apareció en la gran pantalla en la película Rebelde sin causa (1955), la chaqueta de cuero, la camiseta blanca, los jeans y los tenis, se convirtieron en la vestimenta deseada por adolescentes.

Era el ícono cultural surgido en una temporada revolucionaria. Nuevas tendencias y pensamientos se tomaban el mundo y empezaban a tomar fuerza en las comunidades jóvenes. Por eso, la corta carrera de James Dean, quedó y permanecerá plasmada en la historia cultural.

Los primeros años de James fueron tormentosos, su madre murió muy joven a causa del cáncer y su padre lo educó como un joven sencillo en la granja familiar. Asistió a la iglesia y allí tuvo una amistad con el pastor James DeWeerd. Según dijo Elizabeth Taylor a un periodista, James le confesó durante la grabación de Gigante (1955) que había sido abusado por el pastor cuando pequeño.

Dean fue bueno para el deporte, empezó a practicar teatro y actuó en varias obras de su pueblo natal. Cuando cumplió los 18 años, empezó a estudiar en la Universidad de California, Los Ángeles y después en el Actor’s Studio de Nueva York.

Fue hasta 1954 que llegó al cine, protagonizó la película Al este del Edén de Cal Task. Fue tal su capacidad actoral que ese protagónico fue nominado a los premios Bafta y Óscar por mejor actor de 1956. Pero fue por esa película que se desencadenó otra de las historias que rodean la corta vida de James Dean.

Según los autores de una biografía del actor ‘James Dean: Tomorrow Never Comes’, Marlon Brando y James Dean se conocieron por trabajar para el mismo director. Pero lo sorprendente es que según los autores, Dean y Brando tenían una relación secreta basada en sus gustos sadomasoquistas. De hecho, aseguran que a Dean se le apodó Cenicero Humano, porque le gustaba ser quemado con cigarrillos durante el sexo, además de las botas y las correas.

Según esa revelación de la sexualidad del actor de Rebelde sin causa, Brando cumplía la función de dominante mientras a Dean le gustaba ser sometido. Esas relaciones no fueron confirmadas completamente, sin embargo, se cree que Brando no sentía más que deseo sexual por Dean, mientras este sí estaba enamorado de Brando.

Dinero y muerte

La fama llegó para James Dean cuando fue contratado para coprotagonizar, junto a Natalie Wood, Rebelde sin causa. No llegaría a Hollywood como la primera vez y se compró un carro Porsche para usar durante el rodaje. Con ese vehículo corrió cuatro carreras para entretenerse entre grabaciones.

Sin embargo, su pasión por la velocidad se vio frenada cuando durante una carrera, el auto perdió un pistón y por poco lo deja gravemente herido. El director le pidió que abandonara las carreras porque no podían poner en riesgo la filmación.

James no se quedaría sin la satisfacción por la adrenalina, de hecho era bastante impaciente. Encargó otro vehículo, un Lotus MK X, pero se retrasó la entrega. Como tenía una carrera en la que quería participar, compró un Porsche 550 Spyder.

Cuando salió a conducir este último carro, el actor sintió que no era como el Porsche anterior, se le dificultaba maniobrarlo, por esta característica decidió llamarlo “Little Bastard” (Pequeño Bastardo).

Algunos amigos de Dean han afirmado que el vehículo estaba maldito. Sus amigas Ursula Andress y Eartha Kitt han dicho que cuando las invitó a montar en el auto se negaron, porque sintieron sensaciones extrañas. “Es un coche siniestro”, dijo Alec Guinness.

Aunque es imposible comprobar una maldición, la historia se apega a los hechos siguientes. James Dean se puso en camino para la carrera que tenía planeada. El ‘Pequeño Bastardo’ iba remolcado, pero Dean decidió subirse al auto para estar listo antes de la competencia. Lo aceleró a más de 80 kilómetros y delante de la Ruta 41 con la 466 en California, otro vehículo lo chocó, no alcanzó a frenar y la velocidad lo condujo hasta un poste. Dean salió con vida, pero murió antes de llegar al hospital.

Ese fue el final de un actor consolidado y seguramente un clásico, en su corta carrera logró pasar a la historia del séptimo arte, pero habría logrado mucho más de no ser por el accidente. El American Film Institute lo cataloga como el número 18 entre las 100 grandes estrellas de la historia y en 1956 recibió dos nominaciones al Óscar por Gigante y Rebelde sin causa.