El Santo y su máscara de plata

5 de febrero del 2018

Morirá el día que se quite la máscara.

El Santo

El Santo no solo fue un luchador mexicano, fue y sigue siendo un héroe para ese país. También es la representación misma de la lucha libre en el mundo. Sus seguidores solo vieron su rostro por unos segundos, ocurrió durante una entrevista televisiva a finales de enero de 1984. El Santo levantó la máscara para mostrar que no estaba viejo y arrugado. El mito rezaba que si se quitaba la plateada careta moriría. Días después, el 5 de febrero de ese mismo año, el ícono de la lucha falleció.

Para esa fecha, El Santo había logrado cuarenta años luchando imparablemente. Ni enfermo faltaba a una disputa sobre el ring, aseguraban sus cercanos. Rodolfo Guzmán Huerta era el nombre real del luchador. Vivió en las riveras del Centro Histórico de México. Llegó a la ciudad a los 20 años y antes de entrar en la lucha libre practicó jujutsu y lucha grecorromana. Con dos, de sus diez hermanos, se iba a entrenar en el casino de la Policía. Allí, mientras aprendía a luchar, también empezaba a entretener al público.

Utilizó seudónimos como el El Demonio Negro, El Hombre Rojo o El Murcielago II. Cuando cogió un poco de fama, un empresario que formaba un grupo de luchadores plateados, le ofreció una vacante, él aceptó y tuvo que elegir entre El Santo, El Diablo o El Ángel. Escogió, como se sabe, el primer nombre. En ese momento también se le entregó la máscara plateada que vestiría hasta la muerte.

El Santo, El enmascarado de plata

Para 1952, diez años después de su debut en la lucha libre, El Santo ya era un personaje reconocido. Fue el dibujante José G. Cruz quien lo inmortalizó, él editó la primera historieta de ficción que tenía como personaje al luchador. Santo, El Enmascarado de Plata ¡Una aventura atómica!, era el nombre de la historieta, su éxito fue rotundo, de una publicación semanal, pasó a publicarse tres veces a la semana y duró imprimiéndose más de diez años continuos.

Después de diez años de luchar en las arenas y llenar las gradas de los cuadriláteros mexicanos, en 1958 El Santo fue contratado para actuar en una película, llamada El Santo contra el Cerebro del Mal. Se enfrentó contra mujeres vampiro, zombies, pistoleros y monstruos en más de medio centenar de películas que protagonizó.

El Santo nunca se quitó su máscara en público, tanto para mantener el personaje, como su intimidad y libertad. Decía que salía a las calles sin la máscara y nadie lo identificaba. En 1982, cuando anunció su retiro, se levantó la máscara por primera vez ante el periodista Guillermo Ochoa. Lo hizo de nuevo en 1984. Tal era la admiración, que los productores y periodistas prometieron no congelar la imagen para mantener parcialmente la leyenda.

Fue enterrado con la máscara de plata

El 5 de febrero, hace 34 años, El Santo estaba preparando una obra de teatro, sintió un adormecimiento de su brazo izquierdo y molestias en el pecho. Se dirigió a la clínica, pero antes de llegar, el anunciado paro cardíaco le ganó la pelea. Su entierro fue multitudinario. Aún con la máscara, su féretro fue cargado por sus enemigos de arena, Black Shadow y Blue Demon.

El Santo es «el rito de la pobreza, de los consuelos peleoneros dentro del gran desconsuelo que es la vida, la mezcla exacta de tragedia clásica, circo, deporte olímpico, comedia, teatro de variedad y catarsis laboral», dijo Carlos Mosiváis, uno de los escritores más reconocidos actualmente. La máscara que inmortalizó a Guzmán aún permanece en la conciencia de los mexicanos y en los escaparates de disfraces y chucherías.

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