Juan Roa, el asesino de Gaitán

9 de abril del 2018

Delirios, conspiraciones y pereza confluyen en la historia del magnicida.

Juan Roa Sierra

Unas 3.000 personas murieron o resultaron desaparecidas tras los tres días que duró la revuelta conocida como El Bogotazo, pero entre los muertos de esa jornada sangrienta destacan dos, el caudillo y candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán y su asesino, Juan Roa Sierra. Los hombres que desencadenaron los hechos que partieron en dos la historia reciente de Colombia.

Gaitán habría producido un efecto similar de continuar con vida, habría llegado a la presidencia que muchos le auguraban y habría desarrollado un plan de gobierno enfocado en la clase obrera y aclamado por el furor de los pueblos que lo seguían como el ídolo representante de la clase popular.

Pero ese plan y el de muchos colombianos cambió en la tarde del 9 de abril de 1948. Ese día, sobre la una de la tarde, Gaitán salía a almorzar en compañía de su amigo Plinio Mendoza Neira, dio unos cuantos pasos fuera del edificio Agustín Nieto, alzó la vista y se encontró con Juan Roa Sierra, quien le apuntó con su revolver Smith & Wesson y le disparó tres veces.

Roa Sierra no huyó, quedó petrificado ante su víctima y mantuvo el arma al cinto mientras un hombre corpulento, según cuenta Plinio Apuleyo Mendoza, le quitó el arma y lo entregó a la policía. Tras el hecho, los transeúntes se fueron enterando del magnicidio y la furia, producida por la desesperanza del futuro y las idolatrías políticas, brotó entre la gente.

Roa, en medio de la muchedumbre, vio su destino. La gente lo agarró, lo golpeó, lo desnudó y lo arrastró hasta la Plaza de Bolívar por toda la carrera Séptima. Al final solo quedó la foto de su cuerpo hinchado y su rostro borrado por los golpes. La furia no acabó ahí, la turba arrasó con más de 150 edificaciones de Bogotá y al rededor del país, a medida que se difundió la noticia, las muertes y las destrucciones aumentaban.

Las versiones han sido muchas y lo poco que se conoce no ha podido esclarecer los hilos que enredaron a Roa hasta a llevarlo a cometer el crimen. La más difundida relaciona a los dos desencadenadores de El Bogotazo en un hecho fortuito.

El destino, según la novela El Crimen del Siglo de Miguel Torres, los llevó a estar cerca desde antes. A pocas cuadras de la casa de Jorge Eliecer en el barrio Egipto nació Roa, quien el día del asesinato tenía 26 años. Se crió en una familia obrera y desde joven siguió los pasos de su padre, un albañil que murió a los pocos años de ver nacer a su hijo.

Era introvertido, perezoso y tranquilo vivía con su madre, quien lo mantenía y la mayoría de sus hermanos había muerto por diversas circunstancias. Según allegados al asesino, en su juventud se interesó por el esoterismo y se contactó con un astrólogo que lo inició en el Rosacrucismo, un culto creyente de la reencarnación.

Desde allí empezó a creer en la posibilidad de ser el cuerpo recipiente de Gonzalo Jimenez de Quesada y Francisco de Paula Santander. Según contó su esposa a los biógrafos, Roa pasaba horas frente al espejo peinándose como el primer presidente de la política colombiana.

Luego de iniciarse en esos cultos, surgió el líder Gaitán, tan cercano a él tanto en su procedencia como sus propuestas le llamó la atención. Empezó a escuchar sus discursos y asistir a algunos mitines políticos en los que esta presente el caudillo, hasta tenía en su casa botones y pancartas de la campaña del liberal.

Uno de los anécdotas que lo ponen de frente a Gaitán fue durante un mitín en el que Roa le pidió trabajo, Gaitán, crítico de la política tradicional, le dijo que él no daba puestos, que le preguntara a Mariano Ospina Pérez.

Pero Roa no se guardó el deseo de una ayuda a cambio de la idolatría y se dirigió a su oficina, la secretaria, relato que ha sido difundido en películas, reportajes y libros, le dijo que el líder no podía atenderlo y que lo intentara otro día.

Ese es señalado por varios documentalistas como el germen que convirtió la idolatría en odio y lo que llevó, a parte de algunos delirios mentales, a asesinar al caudillo. Que Gaitán pregonara la ayuda a los pobres y no le arreglara la vida por serlo.

Pero tal asesinato no pudo corresponder a un simple disgusto. Las teorías que han surgido del silencio son muchas, desde un infiltración de la CIA en su carrera contra la izquierda y el comunismo, pasando por el intento de la URSS para acabar con la Cumbre de las Américas que se desarrollaría en los próximos días, hasta un plan de la oligarquía y el Gobierno de Ospina para acabar opositor destinado a ganar.

Pero las dudas son muchas en torno al asesinato, que muchos historiadores catalogan como el detonante de un conflicto de más de 50 años que repercute hasta la actualidad.

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