El opio de Rafael Chaparro Madiedo

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El opio de Rafael Chaparro Madiedo

23 de diciembre del 2018

Si Rafael Chaparro Madiedo no murió a los 27 como los rockeros es porque la sentencia de su partida la sabía desde hacía tiempo y no tenía por qué acelerarla, y aún así, el escritor bogotano se convirtió en un ídolo urbano de culto.

Es poco lo que se conoce de su vida, además de que nació un 23 de diciembre de 1993, pero pronunciar su nombre o el de su libro siempre va encontrar alguien que lo reconozca. ‘Opio en las nubes’, como se llama la única novela que publicó en vida, se ha convertido en uno de esos libros que narran a Bogotá y se difunden en sus calles de manera esporádica como testimonio de una urbe latente.

De hecho después de su publicación, varios lectores se robaron los ejemplares de las bibliotecas, repartieron fotocopias y piratearon el texto para poder leerlo.

Como dice en la contraportada de ese texto, “a los diez años fue envenenado por los Rollings Stones. A los veintiuno, Rimbaud lo dejó en estado de coma. Le gustaba ir a cine de tres solo, a cine de seis acompañado y a cine de nueve muy bien acompañado”.

Así era la vida de Chaparro, en medio del rock, letras, cine y cigarrillos. Pero sin duda vivió la ciudad muchas veces y de formas distintas como quedó consignado en su obra, pero también con un pensamiento voraz y certero del que se tiene testimonio en los libretos que escribió para programas de televisión.

Es en esos documentos desde los que se puede tratar de estructurar un perfil de Chaparro, porque en vida, sus amigos no se reconocen como tales aunque lo admiraban. Además, era tremendamente tímido, tanto que podría parecer antipático.

Estudió filosofía en la Universidad de Los Andes y fue luego editor cultural del diario La Prensa, donde empezó a mostrar su capacidad creativa. Tiempo después ingresó a la televisión y fue guionista de programas de televisión como Zoociedad, Quack, presentado por Jaime Garzón, y dirigió la serie La brújula mágica, un programa para niños.

Por un texto biográfico de Alejandro González, titulado Crónica de Opio, se supo que también había trabajado en cuentos con un texto inédito que conservaba Claudia Sánchez, la mujer que lo acompañó el día de su muerte.

Por ese texto también se sabe que tuvo varios apodos en los diferentes grupos de trabajo y amigos, lo llamaban Chaparrock, Virus Cocker, sapito de Niza. Además, aunque parezca sorprende, no consumía drogas ni bebía alcohol.

Rafael Chaparro Madiedo sabía que la cortisona que tomaba a diario le ayudaba a retardar el avance del lupus que lo aquejó la mayor parte de su vida. Esa enfermedad letal en los hombres fue la que le causó la muerte el 18 de abril de 1995 a la una de la mañana, en los brazos de Sánchez.

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