Rosa Parks, mucho más que una costurera cansada

Rosa Parks, mucho más que una costurera cansada

4 de febrero del 2018

Era el 1 de diciembre de 1955, Rosa Parks salió de su trabajo como costurera, estaba cansada. Tomó el autobús National City Lines N° 2857, sin siquiera sospechar que ese día ella cambiaría la historia de Estados Unidos. Se sentó en el quinto asiento a la derecha de la parte delantera del bus para ir a su casa. En el trayecto el bus se llenó y ella continuaba cómoda en su silla.

En un momento, un hombre blanco se subió y al ver que no había sillas se dirigió a Rosa Parks esperando que ella le cediera su asiento. No sucedió. Por la Ley Jim Crow, todos las personas negras estaban obligadas a ceder los puestos de la parte delantera del autobús a cualquier blanco que quisiera ocupar su lugar. Parks estaba harta de tener que ceder el asiento, harta de ceder su dignidad a los blancos.

El conductor del autobús se percató de lo sucedido, detuvo el vehículo y se dirgió iracundo a Rosa Parks. “Si no se levanta, haré que la detengan”, le dijo el conductor. Según cuenta Paola Capiolo en una biografía de Parks, por la mente de la mujer solo pasó el recuerdo de su abuelo. Un hombre de sangre mixta, que se dormía en un sillón frente a la puerta de su casa, con un fusil cargado, que dispararía contra cualquiera del Ku Klux Klan que entrara.

Ese día Rosa Parks no tenía un fusil, su arma era su propia voluntad y firmeza. “Si, ya sé que puede hacerlo”, le contestó al conductor. Él, furioso, se bajó del bus y llamó a unos policías que se encontraban cerca. Los agentes se subieron al autobús y le pidieron a Rosa Parks que cediera el asiento, pero ella se negó. Los policías la apresaron y le hicieron pasar algunas noches en el calabozo.

Rosa Parks cambió la historia

Ese hecho tan mínimo, que no era la primera vez que sucedía, cambió la historia de Estados Unidos y encendió los debates sobre los derechos de los afroamericanos. Después de ese día las comunidades afro organizaron un boicot contra los autobuses para exigir ser reconocidos como iguales. Entre los protestantes estuvo el pastor y líder por la defensa de la igualdad, Martin Luther King.

Todo sucedió en un contexto de racismo americano. Rosa Parks había nacido el 4 de febrero de 1913 y vivía en Alabama, un estado históricamente racista, donde se ejercían aún las leyes que impedían a los negros hasta compartir baños con los blancos o estudiar en sus mismas escuelas. Además, pocos años antes, los soldados habían regresado de luchar en la II Segunda Guerra Mundial, y los militares afro se daban cuenta que habían arriesgado su vida por un país que no les reconocería los mismos derechos que a un soldado blanco.

Por el Boicot que despertó Rosa Parks, la Policía detuvo a más de 100 personas, las compañías de autobuses pensaban en una posible bancarrota y Martin Luther King tuvo uno de sus primeros papeles al frente de las comunidades afroamericanas. Lo designaron como líder del Montgomery Improvement Asossiation que lideraba el boicot. Dos años después, la Corte Constitucional americana declaró que las personas de color podrían sentarse en cualquier lugar del bus sin ceder el asiento. Ese fue el inicio de una extensa batalla por todos los derechos civiles.

Cincuenta años después

El autobús que empezó la historia de Rosa Parks se encontraba abandonado, hasta que en 2001 el museo de Michigan, Estados Unidos, decidió restaurarlo y exhibirlo como un símbolo de la lucha por los derechos civiles. Barack Obama, en una visita al estado, paró en el museo Henry Ford y se sentó justo en el lugar que Rosa Parks se negó a ceder cincuenta años antes.

“Yo estoy aquí por ella”, afirmó Obama después de revelar la escultura de Parks en el capitolio de la Casa Blanca. La activista también recibió en vida la medalla Spingarn otorgada a personas que luchan por los derechos afros, el premio Martin Luther King Jr y la medalla de oro del Congreso de Estados Unidos. Parks falleció en octubre de 2005 a los 92 años.