Rasputín

27 de diciembre del 2012

Grigori Yefimovich Novik, más conocido como el mago Rasputín, era tenido por la familia del Zar Nicolás como el mago más poderoso de Rusia, que pasó siete meses en el monasterio de Verkhoturye meditando, que fue capaz de curar al futuro Zar Alexi a través de la oración y una vez incluso a través de […]

Rasputín

Grigori Yefimovich Novik, más conocido como el mago Rasputín, era tenido por la familia del Zar Nicolás como el mago más poderoso de Rusia, que pasó siete meses en el monasterio de Verkhoturye meditando, que fue capaz de curar al futuro Zar Alexi a través de la oración y una vez incluso a través de un telegrama, que era el verdadero representante de Dios en la Iglesia Ortodoxa Rusa, y que mantenía a la nobleza Rusa, preocupada por la decadente situación política, pacífica y relativamente unida.

Es por eso que cuando Rasputín recomendó al Zar Nicolás tomar control de sus tropas en la Primera Guerra Mundial, pues de otro modo su ejército se vería derrotado, el Zar partió sin demora, dejando a la Zarina Alexandra en compañía del bondadoso taumaturgo. Pero al Zar le fue peor de lo que hubiera podido imaginarse, y volvió para encontrarse al mago poco menos que sentado en su trono. El control que había adquirido sobre la Zarina era ahora total, y así mismo el que tenía sobre las mujeres de la nobleza petersburguesa. Entonces empezaron los rumores y los celos por parte de nobles y militares que no lograban tener acceso a la Zarina, y a la historia de Rasputín empezaron a crecerle las versiones y las mentiras. Se dijo que en realidad no era un Ortodoxo verdadero, sino un miembro de la secta de los Khlysty, pseudo-cristianos que creían en la auto-flagelación y la ejecución colectiva de los pecados para alcanzar la salvación. En efecto, se dijo que Rasputín había convertido a no pocas damas de su doctrina, y había llevado a cabo con ellas orgías y ritos paganos de todo tipo. Y a medida que crecían los rumores, crecía el poder de Rasputín, que nombraba a dedo para los cargos gubernamentales y tenía los servicios del Zar a su disposición.

Pero la tensión había crecido demasiado, y pronto tenía que derrumbarse. Así es que un noble de la corte, Félix Yusupov, planeó su asesinato. Había contratado a una prostituta hija de un antiguo enemigo de Rasputín para que lo acuchillara, cosa que ella hizo al pie de la letra pero sin lograr matarlo. Entonces Yusupov planeó que le envenenaran la cena, cosa que tampoco lo mató. El miedo de los nobles a cerca de la veracidad de los poderes del mago empezó a crecer. Una noche, Yusupov mismo se coló al cuarto de Rasputín y le disparó en la espalda. Cuando se acercó a asegurarse, Rasputín lo tomó del cuello y trató de estrangularlo. Entonces sus secuaces entraron, y abalearon a Rasputín, dándole un tiro en la frente, y para asegurarse, lo amarraron y lo llevaron a un lago congelado, en el que hicieron un hueco y lo tiraron. A los pocos días lo sacaron del agua, y vieron que se había zafado de las cuerdas, que no había muerto ni del tiro en la frente ni del veneno ni de la acuchillada, sino que se había ahogado, intentando nadar hacia la ribera.

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