Susan Sontag

28 de diciembre del 2010

Los libros de Susan Sontag son exactamente ese tipo de libros que al llegar recién impresos a las librerías, suelen poner en terribles aprietos a los libreros, que no tienen idea en qué estante ponerlos. Porque Sontag no sólo escribió a cerca de numerosos temas, sino que cada uno de sus libros hace un uso […]

Susan Sontag

Los libros de Susan Sontag son exactamente ese tipo de libros que al llegar recién impresos a las librerías, suelen poner en terribles aprietos a los libreros, que no tienen idea en qué estante ponerlos. Porque Sontag no sólo escribió a cerca de numerosos temas, sino que cada uno de sus libros hace un uso creativo y mixto de todas las disciplinas a las que se dedicó.

Esto se debe en parte a sus variados estudios universitarios, que incluyeron filosofía, literatura teología, sociología y arte, y que la llevaron desde la Universidad de Chicago hasta Harvard, pasando por París y Oxford.  Pero se debe también a sus múltiples intereses políticos, viajes por el mundo pero en especial a la cortina de hierro, y encuentros con sabios de todo tipo, desde Woody Allen hasta Herbert Marcuse.

Por eso, incluso libros como The Benefactor e In America, que son esencialmente novelas, pueden leerse casi como tratados sociológicos, o por lo menos como el producto de la concienzuda observación de la vida de la gente. También escribió el ensayo Sobre fotografía, que es a la vez una historia social del arte y sus usos, un ensayo filosófico sobre el significado de congelar recuerdos en papel y sus relaciones con la memoria, y una crítica muy al estilo de la escuela de Frankfurt de lo que la fotografía turística revela sobre los países industrializados, en especial Estados Unidos, Alemania y Japón, entusiastas número uno de la cámara (y la foto) desechable.

Pero la conjunción de un punto de vista tan complejo con la abierta manifestación de opiniones políticas tenía que causarle más de un rato amargo por cuenta de gente que tomaba sus afirmaciones fuera de contexto o que simplemente no las entendía del todo, y en efecto así ocurrió. En un discurso pro-solidario en Nueva York Sontag criticó a la izquierda americana de perpetuar la “cara humana” del comunismo soviético, la cual no era más que una máscara de una nueva forma del fascismo. Esto le valió la enemistad de varios intelectuales y del público en general, que la acusó de traicionar sus propios ideales. Según varios, esa reacción exagerada en su contra no estaba del todo desligada de la reciente confesión, hasta entonces escondida, de sus relaciones bisexuales a lo largo de toda su vida, incluyendo los años de su matrimonio.

Sin embargo, el público tanto académico como general de los últimos veinte años ha sabido interpretar sus libros y opiniones a la altura que exigen, y valorar su obra como uno de los testimonios más exhaustivos de la compleja vida artística política y social de la gente del siglo XX.

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