T.S. Eliot

4 de enero del 2011

Thomas Stearns Eliot nació en St. Louis, Missouri, en una familia burguesa proveniente de New Haven. Sin embargo, después de haberse marchado a estudiar a Oxford, Eliot decidió quedarse para siempre en Inglaterra y hacerse inglés, cosa que consiguió en 1939, cuando renunció a la ciudadanía americana. Siempre que se le preguntaba al respecto, Eliot […]

T.S. Eliot

Thomas Stearns Eliot nació en St. Louis, Missouri, en una familia burguesa proveniente de New Haven. Sin embargo, después de haberse marchado a estudiar a Oxford, Eliot decidió quedarse para siempre en Inglaterra y hacerse inglés, cosa que consiguió en 1939, cuando renunció a la ciudadanía americana. Siempre que se le preguntaba al respecto, Eliot decía que lo había hecho por su poesía, cuyas ideas eran sin duda americanas, pero cuyo corazón era inglés.

La explicación suele decepcionar a los que creen que la obra de un autor está en deuda con su país, que le proveyó la materia prima, y no lo contrario, que los países son los que están en deuda con la obra de un autor, que ayuda a proveerles a sus habitantes un sentido de identidad. En otras palabras, Eliot  entendía que la obra poética sólo existe en relación con la historia de la literatura, insertada dentro de la tradición, y que en ese sentido, debido a su educación y sus lecturas, su obra requería un espacio dentro de las letras inglesas para desarrollarse como debía.

De todos modos, una vez Eliot empezó a publicar, estas cuestiones pasaron a un segundo plano, pues los críticos y los lectores se vieron enfrentados a una obra tan múltiple y de tan grandes dimensiones, que trascendía toda cuestión circunstancial acerca de su nacionalidad, y que ofrecía una mirada nueva no sólo de la literatura inglesa, sino de la literatura universal. Y es que en efecto la poesía de Eliot es difícil de descifrar justamente porque es un diálogo permanente con la tradición literaria, y está hecha de citas y referencias inextricablemente tejidas de toda la literatura. No en vano se le consideró, tras la publicación de The Wasteland, su libro más famoso, como la contraparte poética de Joyce, que había publicado el Ulises el mismo año. El libro ha sido estudiado desde toda perspectiva imaginable, y en lo único que todos parecen concordar es en que su sentido está lejos de ser desentrañado.

El caso es el mismo con su siguiente libro de poemas, llamado Four Quartets, que suele ser descrito como un viaje metafísico por las religiones y la historia del mundo, en el que las referencias no son ya a partes específicas de obras literarias sino a ideas, creencias, mitos y dogmas de las grandes culturas del mundo. Su lectura es sin duda poco gratificante en un comienzo, pero el esfuerzo y la constancia del lector llegan a ser generosamente recompensados.

A esa densidad y complejidad es que se debe que la obra de Eliot sea poco extensa para un poeta tan precoz, ya que consta de cuatro libros de poesía y otras tantas obras de teatro. Sin embargo, fue más que suficiente para adjudicarse el Premio Nobel de Literatura en 1948, y cuanto doctorado honoris causa ha habido en Europa, pues su lectura, su detenida y laboriosa lectura, es a la vez la lectura del ancho y largo mundo en que vivimos.

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