Howard Carter y la maldición de la tumba de Tutankamón

Howard Carter y la maldición de la tumba de Tutankamón

2 de marzo del 2019

Howard Carter, un destacado dibujante inglés, otorgó a la historia uno de los mayores descubrimientos al desenterrar los restos del faraón egipcio Tutankamón. La fascinante historia también lo ubica como uno de los dos sobrevivientes de la supuesta maldición de la tumba.

Nació el 9 de mayo de 1874 en Londres. Su padre era un artista dedicado a la representación de animales, al igual que él, Howard se dedicó al dibujo desde temprana edad. Por eso, a los 17 años la Egypt Exploration Fund lo encargó de ir a las excavaciones que se adelantaban en Egipto, para que replicara los jeroglíficos que encontraban en las construcciones milenarias.

Con ese objetivo se sumó a la excavaciones, sin idea de que se convertiría en el profanador de la tumba de la representación humana del dios Ra, como traduce el nombre egipcio Tut-Ankh-Amon. Sin embargo, no era más que un trabajador nato y curioso, porque su modesta familia no le había ofrecido una educación formal. Según sus amigos, tenía un vocabulario tosco y un carácter exasperable con facilidad.

Así estuvo hasta 1899, ilustrando desde la vida en El Cairo, hasta los extraños hallazgos de las excavaciones. La Fundación estaba contenta con él y seguía interesado por la cultura egipcia como ningún otro. En el año 1900 fue nombrado director del equipo de excavaciones del sur.

En ese tiempo conoció a  Lord Carnavon, un poderoso y adinerado londinense aficionado por la arqueología que le ofreció su dinero para realizar las excavaciones en el Valle de los Reyes, donde se creía habían sido sepultados Ramsés VIII, Smenkhkaré y Tutankamón. Pero solo había información, aún escasa, sobre el último.

Pasaron más de 16 años removiendo la arena de ese territorio prácticamente inexplorado por los ladrones de tumbas. Hasta que finalizada la Primera Guerra Mundial, los financiadores del proyecto se vieron sin recursos para continuar con la exploración. Regresó a Egipto y continuó excavando, hasta que la salvación llegó por noticias del hombre que traía el agua a los excavadores, Hussein Abdel Rasu.

Con apenas diez años era el encargado de llevar a Howard Carter y su equipo el agua y otras provisiones. Hasta el 4 de noviembre, de 1922, cuando se detuvo a descansar cerca del área de estudio, removió un poco de tierra y se dio cuenta que allí había un escalón. Le informó al director del campo y rápidamente descubrieron una escalera de 16 pasos hacia la profundidad que conducía a un templo.

Llegó a la puerta de la tumba y se detuvo, ordenó sellar todo como estaba y custodiar militarmente la zona. Envió una carta a su mecenas Lord Carnavon y le pidió que asistiera de inmediato a la excavación Este llegó al día siguiente en compañía de su familia desde Londres y ese día, 23 de noviembre de 1922, Howard Carter abrió la puerta del sagrado lugar. Era el primer hombre en pasar el umbral en 3249 años.

Dentro halló toda clase de joyas, esculturas, vestimentas, artículos, carruajes, y una pared decorada y custodiada por representaciones míticas que conducía a la imponente tumba de Tutankamón. Entró a ella iluminado por una vela, detrás de él iba Lord Carnavon. Allí estaba el sarcófago del faraón, rodeado por las diosas protectoras de Isis, Neftis, Neith y Selkit.

Cuando abrió la tumba un aire caliente hizo reducir la llama de las velas y poco a poco ‘despertar’ del letargo de tres siglos al faraón más famoso de la historia. Todos los objetos fueron enviados a Londres, donde Howard Carter fue considerado uno de los más grandes excavadores del mundo. Además envió con sumo cuidado cada pieza para lograr su conservación intacta. Según cuenta Esteban Llagostera, en su texto Howard Carter, la suerte de un destino.

Pocos meses después murió Lord Carnavon al ser picado por un mosquito, al igual que varios de los arquéologos que participaron del hallazgo de la tumba. Supuestamente a causa de la inscripción hallada en el mismo lugar, que rezaba: “La muerte desplegará sus alas, sobre quien ose turbar la paz del faraón”. Aunque ninguno de los trabajadores de la excavación afirmó haber visto la maldición.

Indudablemente las causas de las muertes no fueron determinadas con precisión, incluso uno de ellos murió al salir del museo y ser atropellado por un vehículo. Al igual que la extraña muerte del radiólogo que examinó con rayos X el cuerpo del faraón, después de su análisis, sintió debilitamiento, fiebre y cayó muerto.

Los únicos en sobrevivir fueron Howard Carter y el niño Husein Abdel Rasu, quienes muchos años después fallecieron de causas naturales. Carter pereció el 2 de marzo de 1939, hace exactamente 80 años y 17 después de perturbar el descanso del faraón.