El final de Bonnie y Clyde

23 de mayo del 2013

167 balazos acabaron con el amor de Bonnie Elizabeth Parker y Clyde C. Barrow. En una solitaria carretera en el estado de Luisiana una emboscada policial puso fin a una delirante historia de persecución que duró dos años. Durante los cuales burlaron cercos para atraparlos y engañaron a más de un sabueso que intentó en […]

El final de Bonnie y Clyde

167 balazos acabaron con el amor de Bonnie Elizabeth Parker y Clyde C. Barrow. En una solitaria carretera en el estado de Luisiana una emboscada policial puso fin a una delirante historia de persecución que duró dos años. Durante los cuales burlaron cercos para atraparlos y engañaron a más de un sabueso que intentó en vano la tarea de atraparlos por cuenta propia. Por supuesto, también robaron, secuestraron a un par de personas y mataron en una huida cargada de excitación, sangre y riesgo. Este prontuario fue suficiente para declararlos enemigos públicos y forajidos, y convertirse en la pareja de criminales más célebre y romántica de la historia Norteamericana.

Bonnie y Clyde se conocieron en una tarde de 1930 y fue amor a primera vista. Desde ese momento se juraron amor eterno y decidieron unir sus vidas. Aunque el idilio inicial duró poco, pues Clyde fue arrestado y encarcelado a las pocas semanas de conocerse.  En el prólogo de ‘Wanted Lovers. Las cartas de amor de Bonnie y Clyde’, Ana S. Pareja cuenta que “el periplo criminal es farragoso y complejo y se alarga más de dos años, desde principios de 1932 hasta 1934… no actuaron solos, sino en complicidad con Henry Methvin, Frank Claude, W.D. Jones”.

La pareja actuó casi empre entre los límites de los estados, en zonas fronterizas que traspasaban en su carro Ford V-8, que robaron en 1931. De ahí que los delitos por los que se les achacaban (tres asesinatos, entres otros) no fuesen considerados como crímenes federales, “los delitos cometidos en estados que ya habían abandonado no eran imputables en los nuevos estados donde cometían nuevas fechorías”.

Sin embargo, el 20 de mayo de 1933 la US Goverment  Agency, que años después se convertiría en el FBI les acusó de un delito federal: haber transportado un vehículo robado de Illinois a Oklahoma. Desde ese momento sus cabezas tuvieron un precio.

En 2009, con motivo de los 75 años de su muerte, el FBI desclasificó casi mil páginas,  “que detallan la caza y la captura de aquellos pobres diablos que hoy representan la rebeldía y la miseria de un tiempo de un tiempo que también estuvo enamorado”, comentó Elsa Fernández-Santos.  Además, no fueron ni mucho menos, los ladrones más esmerados ni los delincuentes más experimentados.

Estamos hablando de La Gran depresión, que empujó a toda una generación a la miseria, la desesperanza, borrando de tajo cualquier esperanza en el futuro, por lo que Clyde desde niño robó para sobrevivir, además fue un chico conflictivo, estimulado por el entorno y las circunstancias en las que creció. El blog de Ramón Hernández comenta que  “su paso por la cárcel fue traumático, violado sistemáticamente por otro preso, que después asesinaría… llegó al límite de la automutilación para evitar los trabajaos forzosos”. No es raro que con el paso del tiempo se convirtiera en un hombre duro, hosco y vengativo.

Por su parte Bonnie le gustaba escribir. De niña ganó varios premios literarios. Durante los dos años que Clyde pasó en la cárcel, Bonnie le enviaba cartas frecuentemente, en las que le contaba cómo andaba el mundo exterior y le expresaba su amor: “hola cielo, todas las noches me acuesto con las esperanza de que el día siguiente será más luminoso, pero al fin acaba siendo un día como los demás. Quizá no sea así para siempre. Ya he comprendido que la vida no vale la pena sin ti”.

Después de salir de la cárcel nunca más se escribirían, pues no se separarían sino hasta el día de su muerte.

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