Francisco de Goya, el pintor sin cabeza

30 de marzo del 2019

Fue uno de los pintores más destacados de España.

Francisco de Goya

Francisco de Goya fue uno de los pintores más importantes del siglo XVIII en España y parte de Europa por el exilio que lo sacó de su país. Hay un misterio construido después de su muerte, durante siglos su cabeza ha estado separada de su cuerpo.

Nació el 30 de marzo de 1746 en Fundetodos, Zaragoza. Su familia pertenecía a la burguesía mientras que otros eran de la clase obrera. Desde los 16 años se interesó en el dibujo y la pintura, su primer maestro fue José Luzán Martínez, profesor de la Academia de Dibujo, que lo puso a hacer reproducciones de sus obras hasta que tuviera la destreza suficiente para hacer las suyas propias.

A mediados de 1770, Francisco de Goya inició un viaje por Europa, que algunos biógrafos describen que usó diversos transportes terrestres por el sur de Francia hasta llegar a Italia, donde finalmente se estableció en Roma aprendiendo las corrientes artísticas del momento.

Según el Museo del Prado, durante esos viajes empezó su interés por las máscaras tradicionales usadas en el teatro, los que demuestra su posición y estilo satírico y grotesco.

En su estancia en roma se inscribió a un concurso creado por la Academia de Parma, expuso algunos lienzos y fue elogiado por el público y los jurados, sin embargo el uso de los colores y la luz afectó que obtuviera el premio en esa ocasión. Sin embargo eso le otorgó reconocimiento. Al regresar a su natal Zaragoza, fue contratado para pintar la bóveda del coreto en la basílica del Pilar, su primer encargo grande, a los 25 años de edad.

Se casó con Josefa, hermana de su maestro Francisco Bayeu en 1973, con quien tuvo siete hijos de los cuales solo uno llegó a la vida adulta. En ese tiempo la carrera de Francisco de Goya está en su explendor y comienza con la producción más grande de su historia.

Fue contratado por la Corte para ser el segundo pintor oficial del rey Carlos III, con varios encargos para la Iglesia y algunos políticos de España e Inglaterra. Cuando cumple los 46 años cae enfermo de ‘cólico de Madrid’, una grave enfermedad de la época que lo pone en riesgo de morir. En ese momento sus pinturas empiezan a ser más personales y expresivas que las anteriores.

Durante la Guerra de la Independencia entre 1808 y 1814 su taller produce algunas pinturas para apoyar a la Corona, pero desde el final de la Guerra, Goya empieza una representación de varios dibujos sobre Los desastres de la guerra desde la posición del pueblo.

Por razones políticas se desplazó a Francia, se estableció en Burdeos, donde pasó los últimos años de su vida y falleció el 16 de abril de 1828. Sus restos fueron enterrados en esa ciudad, hasta que el Cónsul Joaquín Pereyra descubrió su paradero y solicitó la exhumación y envío de los restos a España.

El cuerpo llegó en 1880, pero tras descubrirlo se identificó la falta de la cabeza del pintor. Empezaron indagaciones a los encargados del envío, pero nadie supo donde se encontraba el cráneo. Múltiples teorías han surgido desde ese hallazgo, unas aseguran que la cabeza fue extraída por profanadores de tumbas o que se perdió antes de su entierro.

Una de las teorías implica al pintor Dionisio Fierros, quien en su lienzo llamado Vanitas retrata un bodegón en el que al fondo se ve un cráneo sin mandíbula con la inscripción ‘Cráneo de Goya pintado por Fierros’. También aparece el nombre de Marqués de San Adrián, un maestro y mercader de los dos pintores, que era aficionado a la frenología, lo que motivó el mito de que Francisco de Goya le haya donado la cabeza en su lecho de muerte.

Otra teoría surgió en un artículo de Eugenio Gallego, titulado ‘Empieza con una tumba y acaba con una bomba’. En el que asegura que el cráneo se encontraba en la Universidad de Salamanca y fue usado para un experimento en el que explotó.

Pero aunque nunca se encontró su cráneo, la genialidad que desprendió de él quedó en una amplia obra de la que se destacan obras como: Cristo crucificado, La predicación de san Bernardino de Siena, La maja vestida, La maja desnuda.

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