La realidad oculta de René Magritte

21 de noviembre del 2018

Este artista nació el 21 de noviembre de 1898, pero aún hoy su obra sigue creando mensajes.

La realidad oculta de René Magritte

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La obra de René Magritte nunca estuvo completa, tal como lo pretendió el autor. Uno de los artistas más influyentes del siglo XX dejó su marca en cada uno de sus trabajos que nunca se cerraron porque, como el pensamiento, no tenían fin.

Magritte nació en la comuna de Lessines (provincia de Henao, Bélgica), el 21 de noviembre de 1898. De su infancia no se recuerda mucho ya que cuando rondaba los 14 años hubo un suceso que marcó su vida y opacó lo demás sucedido: su madre Regina se suicidó. La mujer fue hallada en uno de los ríos de la región y desde entonces René quedó al cuidado de su padre Léopold, quien se dedicaba a la sastrería.

Dicen que nunca se sintió muy conforme con seguir órdenes y que desde pequeño se interesó en estudio del dibujo y la pintura, aunque, paradójicamente, tuvo que interrumpirlo por su entrada al ejército. A la salida de allí ingresó nuevamente a la academia de artes.

Las características de su obra se acercaron más al desde los primeros años, también tuvo un paso no muy publicitado por el cubismo, pero finalmente se recuerda más por lo conceptual. Por eso, el surrealismo fue la corriente por la que terminó siendo reconocido, aunque su nombre en sí mismo marca un camino.

Además de una técnica aceptable, el trasfondo de su trabajo estaba en la repersentación de las ideas y su mensaje siempre llama a cuestionar.

Hay quienes se atreven a decir que su obra es una abstracción que se comprende, ya que está al alcance de un público amplio, que da luces para ser entendido por personas diferentes a su creador, pero, naturalmente, deja el mensaje abierto a la interpretación.

Su diferentes pinturas contribuyeron, pero no concluyeron, a análisis profundos sobre el lenguaje, los símbolos, la interpretación y la percepción, pues fueron retomadas por teóricos influyentes como Michel Foucault.

Tal vez su obra más célebre sea Esto no es una pipa (Ceci n’est pas une pipe); esta resume parte de sus intenciones en el arte demostrando con un objeto sencillo y un mensaje a primera vista contradictoria la duda de qué es la realidad.

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Magritte cuestionaba lo tangible, hacía dudar de los hábitos y recuerda constantemente el misterio de la existencia. Durante su vida estuvo acompañado de su esposa Georgette Berger, a quien conoció desde que era un adolescente y con quien se encuentra hasta en su tumba, pues los enterraron en el mismo espacio.

Junto a ella estuvo un grupo de amigos quienes creaban juntos, discutían y hasta grabaron una serie de cortometrajes antes de que muriera a causa de un cáncer en el páncreas, después de haber estado recluido en el hospital, en 1967.

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