Charles Bukowski, el poeta perdedor

9 de marzo del 2018

El último de los escritores malditos.

Charles Bukowski

Charles Bukowski es conocido como el último de los poetas malditos. Entre trabajos comunes, botellas de vino y vodka, cigarrillos y puros, se ganó la fama de uno de esos poetas que escribía por gusto y vivía por placer. El 9 de marzo murió y fue enterrado bajo el epitafio ‘Don’t Try’.

Su trabajo se compone de tantos datos biográficos como ficcionales que describen tanto la obra como el mito de Bukowski. Nació en Andernach, Alemania, a mediados de 1920, pero por problemas económicos y los resquicios de la guerra, tuvo que emigrar, junto a su familia a Estados Unidos. Allí se establecieron en un suburbio de Los Ángeles.

Su padre era un malhumorado de tiempo completo y a causa de la depresión económica de Estados Unidos, dedicaba su desempleo a arruinar la tranquilidad de su hijo. Pero no solo el padre tenía ese empeño, así lo hace ver Bukowski en su novela La senda del perdedor, en la que retrata un terrible acné que ni los médicos podían tratar y el cual le produjo las cicatrices del rostro.

Entro a estudiar periodismo pero no se graduó porque conoció el vino. “Era mágico. ¿Por qué nadie me lo había dicho? Con esto, la vida era maravillosa, un hombre era perfecto, nada lo podía tocar”, escribió en la Senda del perdedor, en el relato de su primer sorbo de vino.

Desde esa primera botella no pudo abandonarlo. Renunció a la Universidad y se dedicó a escribir en una pequeña máquina y consiguió un trabajo de cartero que le permitía pagar el arriendo y comprar licor. Trató de publicar en varias revistas pero en varias fue rechazado.

Su obra se componía principalmente de personajes marginados, prostitutas, borrachos, pandilleros, habitantes de calle, jugadores, fracasados, drogadictos y una infinidad de seres protagonistas de la escena del bajo mundo e invisible de la ciudad.

“Me gusta cambiar de licorería con frecuencia porque los empleados aprenden tus hábitos si vas día y noche y compras en gran cantidad. Puedo verlos preguntándose por qué todavía no estoy muerto, y eso me hace sentir incómodo. Probablemente no piensen nada de eso, pero un hombre se vuelve paranoico cuando tiene 300 resacas al año”, escribió en Mujeres.

Por el alcoholismo crónico, a los 32 años fue internado en un hospital por una fisura en su hígado causada por el licor. El médico le dijo que tenía que dejarlo para no enfermar, al poco tiempo descubrió que no era necesario hacerlo para seguir viviendo.

Para mediados de 1950, Bukowski escribió varios libros de poemas con los que empezó a ganar cierta popularidad en el mundo intelectual. Uno de ellos es Flower, Fist, and Bestial Wail (1959). Fue uno de ellos en los que logró plasmar sus versos.

Uno de esos poemas se los dedicó, entre sexo, alcohol y mujeres, a un gato. Un felino que llevaba una vida igual a la de Bukowski, llena de golpes. El animal llegó a su puerta y el escritor lo dejó entrar y lo mantuvo. Un día un amigo lo atropelló y el animal perdió la movilidad de las piernas, con la ternura que jamás había expresado en alguno de sus personajes, dijo que cuidó al animal hasta que logró recuperarse.

A mediados de los 80, el escritor experimentó en el cine, no le fue bien, pero por su fama algunos escritores creían que podría producir un buen guión. Primero colaboró para una película llamada Ordinaria Locura, de la cual despotricó después de su premiere. Luego, con la amistad ganada de Sean Penn, decidió crear una adaptación de La senda del perdedor que se llamó Barfly, una película con poco éxito pero digna del cine de culto.

Junto a la amistad con Sean Penn empezó a conocer el mundo de las estrellas, junto a Arnold Schwarzenegger y Madonna. De esos días en la alcurnia salió otra de sus novelas, llamada Hollywood. Hasta ese momento empezó a tener algo de reconocimiento económico, sus novelas se publicaron en Alemania y era comparado con Jack Kerouac, William Burroughs o hasta Henry Miller.

Con esas referencias, a mediados de sus sesenta años fue cuando empezó a solventar su precariedad económica. Pero ya eran sus últimos años, enfermo por su desecho hígado y una infección ocular que lo dejó sin la posibilidad de escribir durante varios años. Murió finalmente por una leucemia a los 74 años, poco después de terminar su novela Pulp.

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