“Glototecnología”

Publicado por: maria.vargas el Jue, 04/06/2020 - 10:11
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Por: Remberto Burgos de la Espriella.
Remberto Burgos de la Espriella

El circuito de la recompensa, estacionado en el centro del cerebro, hace parte de esas estructuras ubicadas próximas al sistema límbico. Guarda relación y tiene la responsabilidad de las conductas aprendidas. Lo que nos produce bienestar y placer lo repetimos. Este circuito de la recompensa responde a estímulos y es clave en nuestra continuidad como género. El sexo permite procrear y mantener la especie. Una cena deliciosa, aporta las calorías que necesitamos y al día siguiente nuevamente comemos. El refuerzo positivo que produce el placer es la clave en la repetición.

Oficios fundamentales se le atribuyen al sistema de recompensa cerebral, pero desafortunadamente, es igualmente responsable de un sinnúmero de patologías, entre ellas la adicción. Las adicciones las podemos clasificar en adicciones a sustancias (alcohol, droga) y psicoemocional. Como prototipo de estas mencionamos la adicción al juego (ludopatía) o la reciente, a las herramientas virtuales, llamada tecno-adicción.

Las conductas aprendidas para que se repitan necesitan que las neuronas construyan un lenguaje fácil entre ellas. El conjunto de frases y párrafos se llama sinapsis. La tinta utilizada debe ser indeleble, permitir continuidad y mensajes nítidos.  Para eso se requiere una pluma que escriba claro y coherente. Esta es la función primaria de los neurotransmisores, conocidos como los comisionados químicos, que escriben los textos del circuito de recompensa cerebral.

La dopamina es distinguida como el mensajero del placer. El taller o núcleo encefálico donde se produce, núcleo accumbens, queda muy cerca de la biblioteca cerebral donde acumulamos los recuerdos: el hipocampo. Cuando evocamos la acción pasada, placentera, se hablan entre ellos y liberan la dopamina. Esta inicia toda la secuencia de la ejecución del acto que produce esa sensación agradable generadora de goce. Cuando tenemos un enredador o toxico que produce adicción, su base farmacológica es dejar mucha dopamina libre en la hendidura sináptica o llenar el carro donde se transporta (DAT, transportador activo de dopamina) para queden más de ella circulante. Este es el mecanismo bioquímico de la adicción, exceso de dopamina sobre el sistema de recompensa.

Una de las recientes preocupaciones que tenemos en estos tiempos es la sumisión a la tecnología. La tecnofilia es la dependencia o afición a los asuntos tecnológicos (celular, tabletas, computador etc.) Hay personas que no pueden estar sin el celular y esto nos preocupa especialmente, los muchachos. Se conoce como nomofobia. La vida en esa cajita inalámbrica, electrónica de 15 x 8 centímetros, a la cual se le confía los proyectos de vida, las citas agendadas y escondidos recuerdos. Es el intruso huésped que acabó con la comunicación o comunión presencial No hay dudas que el celular es una valiosa ayuda, necesaria y más en esta época que nos conserva nuestro espíritu gregario y social que somos los humanos. Lo que resulta inconcebible es que el celular y sus aplicaciones reemplacen la comunicación; que el WhatsApp anule el humor y el Twitter apague el chiste y su descarga.

El sistema de recompensa cerebral y el teléfono inteligente tienen una estrecha relación. Su amplia conectividad y la posibilidad ilimitada de comunicación sobre-estimulan el sistema de recompensa lo cual da origen a la dependencia. Sin darnos cuenta vamos pasando más y más horas pegados al peligroso magnetismo del celular.

Como dispositivo complementario de nuestra rutina y ocupación: bienvenido. ¡Lo recomendamos! Como elemento sustitutivo del contacto con nuestros congéneres: insostenible. Es triste decirlo y verlo: reuniones familiares donde cada integrante está conectado con el universo y el mundo real reemplazado por el monologo virtual. Que decir de la hora del almuerzo. Además de los utensilios tradicionales, el otro reciente, cual cuchara con antena inalámbrica, es el celular. No almorzamos, la comida es automática y perdemos la racionalidad de lo que ingerimos. ¡Comunicación y digestión instantánea! Hemos anulado la intimidad.

Uso y abusos del celular están descritos. Sus efectos colaterales: ansiedad, estrés, insomnio. Soledad, dependencia y confinamiento. Algunas asociaciones con enfermedades: tumores cerebrales (OMS: la radiofrecuencia electromagnética de los celulares está clasificada como cancerígena. No es clara la evidencia como generador de gliomas temporales. Grupo 2B, posiblemente causan cáncer) Obesidad y privación de actividad física, alteraciones en el comportamiento. La visión se deteriora por la cercanía y el esfuerzo de leer en pequeñas pantallas. Generador de emociones negativas y aislamiento progresivo.

La mejor medida en salud publica es la prevención. A tiempo evitamos que las adicciones cambien la estructura del sistema de recompensa cerebral y en forma irreversible lesionen a nuestros jóvenes. Tener presente que el cerebro alcanza su madurez a los 25 años y estas influencias en este grupo vulnerable son nocivas cuando no se controlan a tiempo. Frenar el abuso del celular, cuidar el sistema de recompensa cerebral ayuda a construir hijos sanos y ciudadanos con compromiso social.