Jóvenes, desempleo y buen gobierno

La violencia,  consecuencia de las manifestaciones en Colombia y Latinoamérica de 2019 a 2021, en su mayoría tuvo como participantes a los jóvenes que usaron esa forma de manifestaciones para protestar, más que por posibles reformas, por su frustración ante las escasas oportunidades de progresar, trabajar o estudiar; situación agravada por los efectos del aislamiento y restricciones económicas de la pandemia.  La juventud sin empleo y con pocas oportunidades, la falta de formación e información verídica a la comunidad, las reformas proyectadas sin consenso y en momentos no apropiados, además de la manipulación social generada a través de redes sociales por grupos delincuenciales o desestabilizadores, generaron una bomba social que desencadenó en eventos vandálicos y disturbios. 

Es necesario conocer el panorama del desempleo juvenil, uno de los factores de mayor relevancia que condicionó los resultados violentos de las protestas, se volvió común  ver jóvenes en marchas, aglomeraciones y vandalismo, muchos de ellos, los  llamados “ninis” que no trabajan y tampoco estudian.

En el más reciente del informe de la OIT, “Tendencias mundiales del empleo juvenil 2020: La tecnología y el futuro de los empleos” se evidencia que desde el 2015, la cantidad de jóvenes “nini” ha aumentado, pasando del 21,7 % al 22,4 % en 2020. En 2016 había 259 millones de “Ninis”, cifra que en 2019 fue 267 millones, y se prevé que siga aumentando hasta alcanzar 273 millones para finales de este año.  Es realmente preocupante que de los 1.300 millones de jóvenes del mundo, el 20.5 % pertenecen a esta nueva “tribu urbana” y  que de estos, el 68 % sean mujeres.  

Podría decirse que aunque ya se registraba una tendencia  global y regional de desempleo juvenil, la crisis actual en América Latina,  está relacionada a la inusual situación provocada en 2020 y 2021 por la pandemia, que agudizó el desempeño -ya negativo- de los mercados laborales. El PIB regional registró una contracción del 7,1 % -la mayor del último siglo- lo que a su vez generó una caída del empleo y de las tasas de ocupación. Esta crisis llevó a retiro en masa de trabajadores del mercado laboral, que contuvo en buena medida lo que en otras circunstancias hubiera sido un efecto mayor en la tasa de desocupación regional, la cual llegó al 10,5 % en promedio en 2020 según el informe de Junio de 2021, de “Coyuntura Laboral en América Latina y el Caribe” de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

La desvinculación de educación y del mercado laboral, además de la poca oferta de trabajo, en especial en países subdesarrollados, socava el desarrollo socioeconómico, además afecta la moral y la esperanza de lo que se espera para el futuro. Los jóvenes que hoy concluyen sus estudios de grado superior, tienen menos probabilidades de que la automatización les sustituya en el trabajo, sin embargo, los problemas son otros, ya que el aumento de la cantidad de jóvenes en el mercado laboral ha hecho que la oferta sea superior a la demanda y en consecuencia, se produzca una reducción salarial para el trabajo calificado. Al no crearse suficientes puestos de trabajo para esa población,  no se aprovecha debidamente la capacidad de millones de personas y en el fondo el crecimiento económico. Según el estudio sobre perspectivas de empleo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), en su informe, los jóvenes que nacieron de la generación Z o “ Millenials”  (1997-2009) en países miembros del ente, tienen una tasa de desempleo cercana al 18 % que triplica la de adultos, con edades entre 24 y 75 años. La generación Z actualmente es el 30 % del total de la población mundial con proyección del 27 % de la fuerza laboral para 2025. El desempleo juvenil (gen Z) llegó al 15 % en 2020, siendo España con 38,3 %, Italia con 29,1 % y Colombia con el 27,5 % los países con mayores cifras.

Más allá del problema, lo importante es tomar decisiones, en la que haya políticas de estado que den soluciones efectivas, lo más sensato es aplicar modelos exitosos como los que están en funcionamiento en otros países. Políticas, Estrategias y acciones, que cada nación debe plantear e implementar de forma particular, de acuerdo con la dinámica social de cada uno. Si realmente se quiere superar los problemas que plantean la transformación tecnológica, el cambio climático, la desigualdad, el aumento demográfico y la crisis económica generada por la pandemia, no podemos desaprovechar el talento de los jóvenes, su potencial y la inversión que han hecho los estados y las familias en su educación. Se requieren marcos políticos integradores y sistemas de formación flexibles,  basados en el diálogo entre los gobiernos, los trabajadores, los jóvenes y los empleadores. 

En la Unión Europea, el  programa de control de desempleo de la juventud con mejores resultados y el más conocido, es el denominado “garantía juvenil” que es generalizado desde 2013, este define que cualquier joven a partir de los cuatro meses siguientes a terminar sus estudios o quedarse desempleado, reciba una oferta de trabajo, prácticas o formación. Este proceso se realiza de manera sistematizada automática o con postulaciones realizadas por los mismos jóvenes. Las empresas tienen la obligación ya sea de formar, de emplear o brindar prácticas laborales, evitando que estén cesantes con todas las implicaciones sociales a corto y mediano plazo que esto genera para las naciones. Este modelo exitoso, nació en los países nórdicos europeos precursores del programa. Desde 1984 en Suecia empezó la aplicación, le siguió Noruega en 1993, Dinamarca en 1996 y luego Finlandia. En estos países el lapso es de máximo 3 meses sin trabajo, en este periodo los servicios públicos de empleo les hacen una evaluación personalizada y les ofrecen una solución. Los resultados promedio para estos países es que el 83,5 % de los jóvenes que buscaban empleo, recibieron una oferta de empleo o formación.

En España, según datos del estudio sobre prácticas internacionales de promoción del empleo juvenil desarrollado por el Grupo Adecco y el Club de Excelencia en Sostenibilidad, define que la implementación y resultados de este programa  fue muy lento,  pero a partir de 2018 con aumento presupuestal del gobierno, que incluye incentivos económicos para las empresas, ha potenciado los resultados, reduciendo el desempleo juvenil en 20 puntos llegando hasta el 36 %.

Suecia, también  tiene un programa conexo  “ traineeejob” que incluye 50 % formación y 50 % prácticas laborales en las empresas, donde el estado subvenciona en parte a los instructores de las compañías.

Dinamarca se ha enfocado en generar excelencia, Incluyendo  más facilidades y presupuesto para los mejores alumnos y garantizar que los mejores profesionales, nunca estén desempleados.

Bélgica tiene un esquema particular, la ley desde 1989 obliga a todos los empresarios a destinar el 1 % de la masa salarial de la compañía, a la activación del empleo de los colectivos más vulnerables, siendo mínimo el 25 % de esta destinación para los jóvenes. 

Es muy común que el desempleo,  sea consecuencia de formación a la población, en profesiones que no están enfocadas a la oferta y necesidades de los países y sus mercados. Es conocidos que muchas de las carreras más estudiadas, no tienen la demanda suficiente frente a una oferta gigantesca, lo que expone ampliamente a los jóvenes a enfrentarse  al desempleo y no tengan oportunidades. 

Es importante voltear a mirar los modelos de países europeos como Alemania, que usa un sistema de orientación sobre las profesiones existentes, con asignaturas presentes desde los primeros niveles de la educación; esto garantiza que los jóvenes estudien profesiones utilizadas en el mercado y no se enfoquen en profesiones con poca demanda.

Inglaterra por ejemplo, ha implementado fondos destinados a las prácticas de los aprendices en las compañías. Más de 1500 empresas forman parte  de este programa, en dónde el empresario diseña las prácticas empresariales en sus sectores.

En Colombia y los países de Latinoamérica, la esperanza es la gente buena que hace el contrapeso a los actos violentos de los últimos  y que es la inmensa mayoría, gente honesta y trabajadora. Hay que facilitar la educación a la población juvenil, para que se proyecten hacia  un mejor futuro, pero además esto se logra, garantizando que estén ocupados, pensando en soluciones para su vida, su entorno y el país, aportando su potencial y habilidades para el crecimiento de las naciones, todo eso es posible, si la formación de la juventud es la correcta para el tiempo y el mercado laboral, con el compromiso que no permanecerán más de tres meses cesantes , bajo circunstancia.  No podemos seguir mirando para otro lado y dejar a nuestros “Ninis” con grandes potenciales, en manos inescrupulosas que se aprovechen de su frustración y desespero, para condicionarlos a actuaciones fuera de la ley, en especial por medio de redes sociales y manipulación por desinformación.  

Sin lugar a dudas, el estado debe hacer los ajustes correspondientes para corregir el rumbo, pero los empresarios, la empresa privada, debe unirse,  no se puede dejar solos a los estados y debemos propender por la generación de , como el que está en funcionamiento en la Unión Europea, en el que   hay un compromiso mutuo entre empresas líderes y la UE, para desarrollar e intensificar los acuerdos universidad-empresa, enfocados al fomento del empleo juvenil y la inclusión, además de múltiples iniciativas privadas a este , que  se han desarrollado para ayudar a los más jóvenes a encontrar su primer empleo, entre las que se destacan las de empresas como IBM, Leroy Merlin, Business Leaders Forum, McKinsey Social Initiative, Fundación Mapfre, Bridgestone, Nestlé, Red Eléctrica de España, Repsol, SEAT S.A., Sony y Vodafone España.

No podemos seguir la tendencia de aquellos que impulsan las protestas, que se quejan y piden, sin ofrecer nada a cambio, debemos ser parte de las soluciones desde la familia, creando valores robustos en nuestros hijos, fomentando su tenacidad, su ambición por el logro de sus metas, su deseo de superación, el amor y respeto por su país y sus instituciones, la honestidad, justicia y sobre todo la fortaleza de espíritu y razón. Desde las compañías brindar soluciones y alternativas que generen empleo a los jóvenes, que son el futuro de nuestras naciones y desde los estados, la implementación rápida de políticas asertivas que garanticen la educación y el empleo de los jóvenes que eviten que sean vulnerables y se conviertan en el blanco de los manipuladores, de inescrupulosos, de intereses particulares y delincuentes.

 

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