Luis Betancur Correa

Sostenibilidad emocional como habilidad para el éxito

En las ultimas semanas he escrito acerca de inteligencia emocional, experiencia y servicio al cliente, sostenibilidad empresarial y la ruta de las ciudades sostenibles, entre otros, siendo temas fundamentales para afrontar exitosamente el presente y el futuro de las empresas, de los clientes, de la economía y de los ciudadanos, aunque que hay un asunto del que poco se habla, es decir, la sostenibilidad de las emociones personales, que se han visto abrumadas en los últimos años por la adaptación a las tecnologías emergentes como la transformación digital, las reuniones virtuales, la inteligencia artificial, la robótica entre otras, en entornos productivos así como en la vida cotidiana.

En este mismo sentido la globalización de la información que fluye con rapidez, incluyendo noticias falsas (fake news), el cambio climático, el deterioro de la biodiversidad, la inequidad al acceso a servicios educativos, salud, créditos y servicios públicos domiciliarios, las grandes migraciones humanas y los constantes cambios políticos, sociales y económicos, que afectan las emociones de las personas negativa o positivamente.

Se habla mucho de empresas sostenibles, sin embargo, se habla poco de la sostenibilidad emocional como una habilidad para afrontar los momentos de crisis. Tener un entorno sostenible es importante; sin embargo, es mucho más convertirse en una persona sostenible emocionalmente, a pesar de no parecer tan importante para algunos, cuando sin esa fortaleza interna, es dificil seguir adelante en momentos de crisis e incertidumbre.

Por lo tanto las Pymes al ser la base fundamental de la cadena productiva del país, al aportar la mayoría de empleos y del PIB, continúan siendo vulnerables y sintieron con fuerza el confinamiento, aunque durante este tiempo, se fortalecieron y al mismo tiempo surgieron nuevos emprendedores, que entendieron rápidamente las necesidades de la población, y desarrollaron una sostenibilidad emocional propia como de sus equipos, para sobreponerse a la crisis con mejoras en sus modelos de negocio, encontrando respuestas en la transformación, la apropiación de tecnologías e innovación digital.

Convirtiéndose en uno de los cimientos para la recuperación económica, uno de los aprendizajes que trajo la pandemia, ha sido la relevancia de las personas dentro de la empresa, donde asuntos como el bienestar mental, la inclusión, la diversidad, la sostenibilidad y la empatía son valores cruciales. El confinamiento incremento el estrés, la ansiedad y la depresión de ahí que el bienestar emocional de los grupos de interés, requiere mayor atención.

Por lo tanto las empresas, deben ayudar a fortalecer las emociones de sus trabajadores para que sean personas sostenibles emocionalmente, siendo sanas y ecológicas con ellas mismas, con otras personas y con el medio ambiente, que puedan equilibrarse para manejar las emociones y dotándolos de herramientas para gestionar inteligente y eficientemente su vida familiar, social y laboral.

La dirección de Talento Humano dentro de las empresas, debe entender que las relaciones laborales están cambiando y que, además de la salud física, esta la seguridad psicológica, por eso deben contar con una estrategia y plan de acción de ejecución inmediata, para gestionar eficazmente esta revolución emocional, ya que la transformación de las relaciones interpersonales, de los valores organizacionales y la desigualdad, entre otros, influyen en el bienestar general, pudiendo aumentar la motivación, compromiso, satisfacción, felicidad y productividad del trabajador.

En 2019, Imma Puig, experta en desarrollo de equipos de alto rendimiento y psicóloga del FC Barcelona, escribió el libro La Revolución Emocional, planteando la importancia de priorizar el bienestar emocional de las personas en las empresas, partiendo del supuesto de que todos necesitan lo mismo para sentirse bien, es decir, protegidos, queridos, reconocidos, escuchados y sin límites, por sus pares, equipos de trabajo y las empresas u organizaciones de las que hacen parte.

Sin embargo, para detonar esta revolución emocional es fundamental un liderazgo emocional introspectivo desde talento humano. Como dice Imma Puigsi sabemos qué es lo que nos gusta, también tendremos la certeza de qué es lo que les gusta a los otros, y de esta manera podemos comenzar este cambio, pensando no solo en nuestras emociones y sentimientos, ni solo en los de los demás, sino en pensar en nosotros mismos y en los demás de manera conjunta”.

La revolución emocional, es un proceso de transformación social a través del cambio individual que supone una combinación de inteligencia emocional, participación incluyente, valores personales y organizacionales, que logren creer más en las fortalezas y oportunidades, que en potenciales riesgos o amenazas a las que habrá que hacer frente, aunque al reforzar las habilidades y fortalezas personales, se resolverán o sortearan los obstáculos que se presenten, en el camino de manera más eficiente.

Actualmente estamos en la era de las emociones, por lo tanto y en caso hipotético, si una persona que hubiera permanecido en una isla sin contacto durante los últimos 30 años y regresara hoy, se encontraría con importantes novedades, como las tecnologías emergentes el manejo de las relaciones sociales, le gestión de la información, el trabajo remoto, el cambio climático, entro otros, que lo dejaría atónito.

A esta persona le sorprendería la publicidad que promueve venta de carros apelando a las sensaciones y sentimientos, en lugar del cilindraje y caballos de fuerza. Le sorprendería saber que se incorpora las redes sociales como un sistema de comunicación. Antes, las emociones se circunscribían al ámbito privado. Ahora, esa carga emocional se expandió por las redes sociales sin intermediarios y de inmediato.

Igualmente le impactara ver que en el aspecto ideológico aparecieron formaciones políticas que buscan votos tocando la sensibilidad del ciudadano apelando al sentimiento nacional, la indignación o al miedo a lo diferente, en vez de demostrar cómo mejorara la condición de vida del ciudadano. Y en ese ambiente de fuerte carga emocional, encontrará políticos llorando, por sucesos que no les importa, ya que solo quieren conseguir votos a expensas de las emociones de quienes la están pasando mal.

En el pasado no se prestaba atención a las emociones porque denotaban fragilidad y debilidad frente a la razón. Ahora se convirtieron en el centro de la experiencia y cualquier acción se considera legítima si viene avalada por ellas. Uno de los motores de esta revolución emocional sostenible ha sido el desarrollo de la neurociencia, que explica el funcionamiento del cerebro otorgando a las emociones un importante valor y peso en la toma de decisiones.

Como efecto de la globalización y un entorno digital, la competencia es cada vez más grande, por lo que una diferencia importante entre productos, se presenta cuando se resalta el factor emocional, logrando establecer un estrecho vínculo afectivo con el cliente. Cada vez más nos encaminamos hacia un ecosistema comercial y político marcado por el factor emocional, ya que ahora las empresas buscan seguidores, que frente a los argumentos, las emociones se convierten en la motivación que justifica las decisiones del cliente.

La emotividad ha dejado notar sus efectos en la política, por eso el impacto de la crisis y las redes sociales, han coincidido con la irrupción de ideologías que, apelan a sentimientos, a menudo, basadas en 'fake news' generan confusión, rabia o alegría en los ciudadanos, logrando que el sentimiento los lleve a actos irracionales en algunos casos.

En 2007, antes de las redes sociales, 70% de los británicos tenía sentimientos negativos hacia la Unión Europea. Ese sentimiento, no lo creó el Brexit. Alguien entendió este sentimiento y lo convertirlo en un proyecto político.

El populismo ha sabido conectar con los sentimientos de la gente que se siente ignorada. La polarización la causan los sentimientos, no los argumentos, por lo que la política ha ignorando las emociones del ciudadano, al gobernar sin entender a la sociedad, manipulándola de manera populista, para mantenerse en el mal llamado “poder” sin que les interese realmente generar soluciones que beneficien significativamente a la sociedad. Por esto políticos y lideres empresariales, deben encontrar la empatía con el ciudadano y con el cliente y dejar de perseguir su simpatía.

La reconexión de los ciudadanos con las instituciones, pasa cuando políticos y empresarios encuentren esa vinculación emocional con las personas. Si no lo hacen, con el tiempo verán las consecuencias, cuando no adquirieran sus productos/servicios o voten en contra.

La sostenibilidad emocional es un modelo que reinventa la relación entre empleador y trabajador, a través de la consideración del bienestar físico y emocional, al ser la salud mental un factor fundamental para la recuperación económica y social.

Sin embargo, este cambio es complejo en un entorno laboral donde tradicionalmente se han priorizado las cualidades racionales antes que las emocionales y donde las virtudes de ser y sentir se omiten a favor del hacer y parecer, por lo tanto, a dos años del confinamiento, resulta prioritario enfocarse en desarrollar la sostenibilidad emocional, asumiéndola como estrategia empresarial de largo plazo y una política pública, en beneficio de la comunidad.

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Luis Betancur Correa
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