Regentaban un prostíbulo en que cientos de jovencitas murieron

Regentaban un prostíbulo en que cientos de jovencitas murieron

12 de Enero del 2014

A inicios del siglo pasado nacieron las hermanas Carmen, Delfina, María de Jesús y Luisa González Valenzuela en Jalisco, México. Eran producto de una familia disfuncional. Mientras su madre, Bernardina, era una devota que rezaba al rosario y les infundió el culto a la religión católica, su padre, Isidro, era un alcohólico que ejercía la violencia y abuso de poder contra sus hijas y esposa.

Diversos medios de comunicación han comentado y relatado la historia de la criminal familia, entre ellos el semanario mexicano Alarma. Sin embargo, con el paso del tiempo fue desmentido diversos mitos que existía sobre las hermanas. González Valenzuela.

Más adelante, el periódico el Universal de México y relató los hechos para recordar el caso que conmocionó a la sociedad de ese entonces.

Isidro González trabajaba como ‘juez de acordada’, quien era el encargado de cuidar las calles durante la noche montado en caballo. Por ese motivo, se sentía una autoridad en el pueblo.

Debido al pésimo ambiente familiar, Carmen, la hija mayor, se fugó con Luis Caso, un hombre varios años mayor que ella. Ofendido, Isidro la buscó, la tomó de los cabellos y en medio de regaños y empujones la encerró en una celda como escarmiento.

Ese mismo día, dos horas más tarde, una orden del presidente municipal llevó a Isidro a Felix Ornelas, un hacendado de la región que se jactaba de pisotear las leyes. En el intento por arrestarlo, Isidro le propinó un balazo a traición que lo mató.

Durante un año el padre de ‘Las Poquianchis’ fue prófugo. Sin embargo, olvidó el encierro en el que había dejado a su hija, quien duró catorce meses presa hasta que un carcelero se apiadó de ella y la sacó de la cárcel con la promesa de casarse.

Al igual que Carmen, Delfina tuvo que enfrentar la cólera de su padre cuando le propinó un golpe contundente en la nuca por tener una relación sentimental con un hombre mayor que ella.

En 1930, Delfina, junto con Carmen y María de Jesús, trabajaron como obreras en una fábrica de hilados y tejidos aunque, poco después, Carmen se juntó con Jesús Vargas, un maleante de poca monta apodado “El Gato”. El negocio era fructífero pero debido a los malos manejos de Vargas la empresa quebró.

Años después, en 1938, Carmen abrió un local de licores y ahí, junto a su hermana Delfina, montó su primer burdel.

Delfina, la más astuta de las hermanas González Valenzuela, reclutó a jovencitas campesinas a cuyos padres les decía que trabajarían como empleadas domésticas.

“Sí, aquí hay trabajo pero no de criada. Vas a trabajar en esta casa pero de puta”, les decía a las jóvenes engañadas.

María de Jesús le compró un local a un homosexual de León al que llamaban “El poquianchis”, pese a que cambió el nombre del negocio por la ‘Casa Blanca’, la gente no lo reconocía con ese nombre. Con el tiempo, la dueña pasó ser llamada “La poquianchis” y más adelante el peculiar sobrenombre pasó a sus hermanas.

Crímenes

La ambición de Delfina la llevó a secuestrar y engañar a decenas de muchachas que convirtió en esclavas. Mientras los padres confiaban en que sus hijas estaban en buenas manos, el lenocinio de Delfina y sus hermanas produjo inesperados embarazos en las adolescentes, quienes ignorantes de los riesgos que eso ocasionaba a su salud, abortaban clandestinamente en el sitio de mala muerte. Aquellas que daban a luz les quitaban los bebés, los asesinaban y se deshacían de los cadáveres. Cuando el aborto provocaba la muerte de las prostitutas sus cuerpos corrían el mismo destino.

Castigos

Se convirtieron en algo cotidiano y los aplicaban bajo cualquier excusa. Entre estas prácticas se encontraban los golpes con clavos afilados, hierros calientes y restricción de alimentos entre muchas otras torturas, a las que las prostitutas eran sometidas. Las que no resultaban atractivas para el negocio con el paso del tiempo eran

Poquianchis, Kienyke

María de Jesús y Delfina González Valenzuela al momento de ser detenidas en enero de 1964

Uno de los drásticos métodos que ‘Las Poquianchis’ implementaron para mantener el orden en la actividad sexual de sus pupilas, y evitar que estas escaparan de su encierro, fue la tortura. Las mujeres hincadas con los brazos abiertos sostenían ladrillos en ambas manos y en la cabeza.

Conocidos de ‘Las Poquianchis’ también maltrataban a las jóvenes cuando estas, cansadas de la esclavitud y del lenocinio, intentaban escapar. En 1963 hubo cambio de autoridades, muchos de los amigos de María de Jesús terminaron sus mandatos  y se promulgó una nueva ley que ordenaba la desaparición de las casas de citas, prostíbulos y lenocinios en esa localidad de México.

A pesar de todo esto las hermanas González nunca asesinaron directamente, para ello, recurrían a sus empleados. Hermenegildo Zúñiga Maldonado, “El Capitán Águila Negra”, era amante de Delfina y el encargado de llevar a cabo los homicidios.

Mataban para que las victimas no se fueran y perjudicaran el negocio. Las enviaban al rancho San Ángel, donde las dejaban morir de hambre, las enterraban y pasados algunos  meses exhumaban los cadáveres para prenderles fuego con gasolina y así evitar dejar rastro alguno.

Capturas y muerte

El 6 de enero de 1964 y al sentirse perseguidas por la policía, Delfina y María de Jesús trasladaron a las pupilas al rancho San Ángel, una propiedad que contaba con apenas tres cuartos y un extenso terreno. En dos habitaciones encerraron a sus pupilas amenazando con matarlas si intentaban escapar o hacían ruido. Tal era la desesperación que el día 12, Catalina Ortega, una de las cautivas logró escapar y llegó hasta la procuraduría de León, donde denunció el maltrato y cautiverio al que estaban siendo sometidas por las hermanas González Valenzuela.

Elementos de la procuraduría del estado, encabezados por el comandante Miguel Ángel Mota, irónicamente asiduo cliente de ‘Las Poquianchis’, arribaron a la granja de San Ángel, donde detuvieron a las hermanas y al grupo de mujeres.

Delfina y María de Jesús fueron trasladadas a la procuraduría del estado, donde fueron interrogadas sobre su participación en el secuestro, lenocinio y asesinato de diversas mujeres. En todo momento negaron los cargos. Agentes judiciales realizaron una inspección en la granja y revelaron que habían sido localizados los cuerpos de noventa mujeres enterradas, fetos calcinados y huesos pertenecientes a cuerpos humanos.

‘Las Poquianchis’ recibieron el escarnio popular, fueron insultadas y agredidas, y una enardecida multitud intentó lincharlas antes de ser llevadas a la cárcel, donde comenzó su proceso judicial que se reafirmó con las acusaciones de sus ‘exesclavas’.

Fueron juzgadas por la muerte de 90 jovencitas pero se calcula que pueden sobrespasar los 150 asesinatos durante los 20 años que fueron proxenetas . Las condenaron a 40 años de cárcel.

Delfina murió trágicamente cuatro años más adelante cuando un obrero de la cárcel dejó caer sobre su cabeza un recipiente de cemento. María de Jesús pasó 27 años presa, recobró la libertad y murió dos años después en 1995.