El diablo de la celda

El diablo de la celda

7 de Enero del 2017

Andrea Neri fue a visitar el amor de su vida y su vida terminó en la cárcel. Gabriel Herrera la asesinó en una celda del penal Villa Las Rosas en Salta, Argentina. La ahorcó y le propinó cinco puñaladas.

La escena es macabra: Tras perpetrar el asesinato, Herrera le entregó al guarda de seguridad un bebé de sólo unos meses de nacido. El pequeño, que es hijo de ambos, vio cómo su papá asesinó a su mamá.

La relación entre Andrea, de 19 años, y Gabriel de 39, empezó en el mismo penal. La joven se enamoró de su verdugo durante las visitas que esta le hacía a unos familiares que estaban recluidos allí mismo. A los pocos meses quedó embarazada.

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El director del penal, José Luis Ávalos, fue separado de su cargo. La fiscalía investiga si se trató de un asesinato sistemático.

“Este hecho nos pone en alerta. La idea es saber si existieron no solo responsabilidades individuales, sino también sistémica”, dijo Cintia Pamela Calletti, del Ministerio de Derechos Humanos y Justicia, Gobierno de la Provincia de Salta.

Gabriel herrera c

Según cifras oficiales, el año pasado se registraron en esta provincia nueve feminicidios, perpetrados en su mayoría por parejas o exparejas de las víctimas.

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No es exagerado decir que Herrera tiene un comportamiento animal. Actúa como la ‘viuda negra’, una araña que una vez termina la relación sexual con su pareja, lo asesina y se lo come.

Esta no es la primera vez que el  sujeto comete un crimen de estas características. En 2006 Gabriel asesinó a Verónica Castro, quien era su pareja. La ahorcó con una camiseta durante una visita conyugal. Once años después, Herrera repitió el crimen.

De la relación entre Gabriel y Verónica quedó un hijo. Se llama igual que su padre y hoy tiene 20 años, hace once, fue testigo del macabro asesinato de su madre.

“Es como si lo hubiese vivido hace media hora. Tengo cada detalle y cada momento que pasó presente siempre”.

El joven le contó a El Tribuno, un medio de comunicación local, lo que sucedió ese 23 de marzo de 2006. Aceptó hablar porque considera que es una forma de exorcizar los demonios que lleva en su mente. Una terapia.

“Mi mamá, mi hermanito y yo viajamos a dedo a Metán para visitar a este asesino en el penal. Entramos a la visita y supuestamente a él le dolía la cabeza, se sentía mal; entonces entraron a la celda con mi mamá. Pasaba el tiempo y no salían. Yo sentí una corazonada, un presentimiento. Va mi hermanito a jugar en el patio. También sale mi abuela y lo ve a este asesino atrás de una reja pasándole 50 pesos a un guardiacárcel, y le pregunta:
– Chirete, ¿la Vero?
– Espere doña, le contestó él.
– Chirete, ¿la Vero?, le insistió.
– Ya va, doña.
Y así reiteradas veces hasta que en determinado momento dijo: “Ya  maté a su hija”. Así, fríamente. Imagínese. Mi abuela entró en llanto, bronca, mucho dolor, mucha tristeza”.

El hijo del asesino recuerda que tras ver a su mamá en el piso, rompió en llanto.

“Qué llorás, marica. ­No seas maricón! ¿Por qué llorás? Ya la maté a tu mamá ¿La querés ver? Ahí está tu mamá, muerta. Mirá”, le dijo el hombre al que no considera como su padre y al que llama “el diablo en persona que destruye familias. Un enfermo”.

La sociedad y la justicia se preguntan qué hacer con Herrera (el asesino). Gabriel junior tiene una idea.

“La Justicia debería prohibirle visitas íntimas, familiares y de todo tipo. Prohibirle y no tan solo a él. Desde mi punto de vista, a todas las personas asesinas y violadores deberían prohibirles las visitas, el contacto físico con familiares y con toda clase de personas”.

El País de Argentina presenta una cifras preocupantes.

– Según el Registro Nacional de Femicidios de la Corte Suprema de Justicia, en 2015 se registraron 235 feminicidios en el país. Las estadísticas oficiales han sido criticadas por Naciones Unidas por considerar que dejan fuera cerca del 20% de los casos, aquellos en los que el agresor se suicida tras el crimen y no se abre una causa penal y los relativos a personas trans que no oficializaron su cambio de género. Según la ONG Casa del Encuentro, que contabiliza los feminicidios a partir de recortes de prensa, se registraron 286 asesinatos, un 3,2% más que en 2014.